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23 de noviembre de 2014

Poesía (I)


[En una cafetería oscura y medio pegajosa, con una máquina tragaperras cantando en la puerta y un señor chino concentradísimo, venga monedas y monedas]

Poeta: Buenos días, ¿usted es Guadalupe?
Lupe [toda dispuesta y sonriente]: Sí, sí, buenos días.
Poeta: Yo soy Ricardo. Encantado. Pues mire, lo que necesito es que transcriba, numere y ordene unos poemas que he escrito a mano.
Lupe [entusiasta]: Claro, claro.
Poeta: Son unos cinco mil poemas.
Lupe [algo menos entusiasta]: Cinco mil.
Poeta: Sí, porque yo estoy lleno de ideas a todas horas, y claro.
Lupe [pensando de repente: más poemas, más euros, más comida]: Qué bien.
Poeta: Escribo haikus. Y tengo que organizar y releer estos cinco mil para seleccionar los mejores tres mil trescientos treinta y tres. Porque quiero preparar tres tomos independientes de mil ciento once.
Lupe [parpadeando como una gallina]: Ajá.
Poeta: Le interesará saber cuál es la temática.
Lupe: Por supuesto.
Poeta: Pues hay aproximadamente mil quinientos que hablan de Dios. Luego ya perdí el interés por la religión y me centré en el binomio árbol-ave fénix.
Lupe [suspirando por dentro]: Sí, sí.
Poeta: De esos hay unos dos mil. Y el resto está dedicado al ecofeminismo y a la pachamama. A lo mejor quiere usted que le lea unos cuantos.
Lupe: Cómo no.
Poeta: Aunque la verdad es que en un sitio público, y esta atmósfera, no sé, no se presta mucho...
Lupe [alarmada]: Pues no se preocupe, usted me los da y yo los leo en casa, privadamente.
Poeta: Es que yo creo que le vendría bien conocer el tono, la sonoridad, el espíritu de la obra antes de empezar el trabajo. Mire, le leo uno en voz baja:

Las moscas sorben
el almíbar negro de Dios
cocodrilesco

Yo: Oh.
Poeta: Y este otro:

El árbol ruge
sobre el ojo no muerto
del héroe pollo

Lupe [confiando en no haber entendido bien]: Qué interesante.
Poeta [como disculpándose]: Verá que la caligrafía no es muy clara. Es que escribo donde quiera que me encuentre la idea. Y tengo muchas ideas mientras conduzco. Así que siempre llevo lápiz y papel en el salpicadero, y desde que aparece el poema, lo apunto.
Lupe: Se para en el arcén.
Poeta: No, no, lo escribo en marcha. Si me paro se me va.
Lupe: ¿Y nunca le ha pasado nada?
Poeta: Bueno, he tenido dos conatos de accidente, no, tres, pero nada más.
Lupe [definitivamente desalentada]: Ah.
Poeta: Aquí traigo la primera parte del poemario [saca una carpeta]. Mire el material, estúdielo y póngame un correo con el presupuesto.
Lupe: Muy bien.
Poeta: La dirección es escombropútrido@rmail.com
Lupe: Muy bien. Pues ya hablamos.

[Lupe se va a su casa con la carpeta de propaganda de la CEOE bajo el brazo, preguntándose por qué, por qué, por qué no se puede ganar la vida como la gente normal]
(continuará)

12 de abril de 2012

Con arroz y tomate


La Lupe está en el sofá, atenta a la pantalla del ordenador. Pinito se acerca y la mira fijamente.
Pinito: Jefa.
La Lupe no la escucha.
Pinito: Jefa. Jefa. Jefa. JEFA. JEFA.
La Lupe: Qué.
Pinito: Que me des de comer.
La Lupe: Ya comiste.
Pinito [poniendo cara de Oliver Twist]: Sí, pero quiero más.
La Lupe: No, que estás gorda.
Pinito [ofendida]: Tú también, y comes lo que te da la gana.
La Lupe: Aquí la que manda soy yo. Además, no como lo que me da la gana, no es verdad. Si fuera así hoy pondría arroz negro de primero, y croquetas, y secreto ibérico, y luego...
Pinito: Jefa. Céntrate. Dame comida.
La Lupe: Que no, que no te conviene.
Pinito [fría]: Ah, si vamos a hablar de lo que conviene y lo que no...
La Lupe: ¿Qué?
Pinito: Nada. Que a ti te parecerá que estoy gorda, pero en realidad soy pequeña y ágil, y me meto debajo de los sillones y las mesas, y veo y oigo cosas...
La Lupe: ¿Y qué?
Pinito: Cosas que probablemente no querrás que se sepan.
La Lupe [toda digna]: ¿Como por ejemplo?
Pinito: Como que estás a dieta, pero el otro día te mandaste tres huevos fritos con papas y ajitos por encima. O como la cantidad terrorífica de chocolate y frutos secos que te tragas a escondidas.
La Lupe: Son muy sanos. Omega tres y antioxidantes y...
Pinito: ¿Y entonces por qué te escondes?
La Lupe: No me escondo. Todo el mundo tiene derecho a disfrutar de un poco de intimidad.
Pinito: Ya. Supongo que si respiraras y masticaras mínimamente no te daría tanta vergüenza.
La Lupe: Pero mira, perra, yo a ti no te debo explicación ninguna.
Pinito: No, no. Ni a tu madre tampoco.
La Lupe: ¿Eh?
Pinito: Vamos, que ella no tiene por qué saber  que es mentira eso que dices de que usas muchísimo la vaporera que te regaló. Que ni la has sacado de la caja todavía, y la tienes en el trastero, y la quieres vender en Ebay.
La Lupe: Es que es un aparato triste. Pescadilla al vapor. Dan ganas de llorar.
Pinito: O tu hermana. Ella tampoco se tiene que enterar de que...
La Lupe: Bueno, ya basta.
Pinito: Tengo hambre.
La Lupe: ¿Sí? Pobrecita. ¿Quieres una lata de sardinas?
Pinito: Pero con arroz y tomate.
La Lupe: Bueno. Mira, y una cosa, ¿estuviste leyendo mis libros otra vez, verdad?
Pinito [estirándose]: No. Yo soy más de series.
La Lupe:A mí no me engañas. Esto es puro Saki. Tobermory, vamos. 
Pinito: ¿Y mis sardinas?
La Lupe: Voy.

29 de febrero de 2012

Pollos

Señor alto: ¿Al final pudiste encontrar pollo-de-corral-ecológico?

La Lupe: Sí. Carísimo. Y amarillo. Buena señal, ¿no? A no ser que los tiñan, a los pobres.

Señor alto: Creo que les ponen colorante en el pienso. Que, por cierto, es de millo transgénico.

La Lupe: Es un asco todo. Deberíamos criar los pollos nosotros.

Señor alto: ¿En el cuarto de la tele?

La Lupe: En la azotea. Los podemos tener arriba, hacerles unas casetas, alimentarlos bien; los dejamos que anden sueltos y se entretengan, que tomen el sol...

Señor alto: Les ponemos televisión de pago...

La Lupe: No, en serio. Y los fines de semana los sacamos al monte.

Señor alto: Cómo, los fines de semana. No los puedes tener encerrados tantos días.

La Lupe: En nuestra azotea no estarían encerrados, y no quiero entrar en detalles sobre la vida que llevan en las granjas, los animalitos...

Señor alto [sin hacer ni caso]: No, mira, tú los sacas con la Pini, a media mañana, a que tomen el aire y hagan amistades, y luego yo por la noche los llevo a todos a la plaza, a jugar a la pelota. Luego, los miércoles, a la piscina, y...

La Lupe: No. De todos modos, ninguno de los dos íbamos a ser capaces de matarlos...

Señor alto [escandalizado]: ¿Matar a mis pollos futbolistas?

La Lupe: Ya me imagino la casa llena de pollos de todos los tamaños, en la mesa del despacho, en la alfombrilla de la ducha...

Señor alto: Durmiendo en la alcoba con nosotros.

La Lupe: Viniendo a recibirnos a la puerta.

Señor alto: Cantando al amanecer.

La Lupe: El guano, las denuncias de Sanidad, la Pini con la boca llena de plumas, el desahucio...

Señor alto: Nada, nada, está claro, nos hacemos vegetarianos.

27 de agosto de 2011

Arquitectura civil

Niña: Mamá.
Madre: Dime.
Niña: ¿Tú te acuerdas de cuando me dijiste que a mí me habías recogido debajo de un puente?
Madre: Sí.
Niña: Es que hoy me dijo Carmencita que eso no puede ser, porque todos los hermanos nos parecemos mucho.
Madre: Porque los recogí a los cuatro debajo del mismo puente.
Niña: Ah.
[silencio]
Niña: Y mira...
Madre: ¿Qué?
Niña: ¿Cómo sabías tú que había un niño debajo del puente?
Madre: No lo sabía. Yo pasaba por allí camino del trabajo y me lo encontraba y lo traía a casa.
Niña: ¿Y sigues pasando?
Madre: No. Cuando ya llevaba cuatro niños me cansé.
Niña (más tranquila): Ah. Y entonces, ¿ahora vas al trabajo por otro camino?
Madre: No, no, después de tu hermano el chico fui y le puse una carga de dinamita al puente, ¿sabes?
Niña: Ah. Claro. ¿Me das la merienda?

19 de diciembre de 2010

Bigotes

Madre: Niña, te tienes que hacer la cera en esos bigotes.
Hija [dudosa]: ¿Tú crees?
Madre [firme]: Sí. Mírate. Hay una edad...
Hija [interrumpiéndola]: Si es que estoy harta de depilarme.
Madre: Quién lo iba a decir.
Hija: Las piernas, las cejas, las ingles... No quiero quitarme más pelos ya, que una vez que empiezas ya no puedes parar. Es una esclavitud.
Madre: Pero es que con esos bigotes no puedes ir por la calle.
Hija: Cómo que no.
Madre: No. Porque...
Hija: Yo todo esto lo tengo muy pensado. Si hubiese dedicado a estudiar todo el tiempo y el dinero que he gastado depilándome en los últimos veinte años, tendría seis carreras.
Madre: Ya. ¿Y para qué te iban a servir seis carreras con esas pelambres?

16 de septiembre de 2010

Septiembre

[En la azotea de casa, a las siete de la tarde]

Madre: Vístete, hombre, de verdad, yo no sé qué haces todo el rato en pelotas.

Niño de tres años [muy digno]: Es verano.

Madre: Ya, pero te puedes poner un bañador, unos pantalones cortos, algo. No está bonito que vayas siempre desnudo.

Niño de tres años [filosófico]: Cada uno es cada uno.

Madre [sorprendida]: Sí.

Niño de tres años: Además, al cole voy vestido.

Madre: Claro. Eso no es negociable.

Niño de tres años [cambiando de tema]: ¿Sabes qué aprendí en el cole?

Madre: ¿Qué?

Niño de tres años: ¡Caraculo!

Madre: Ah, mira qué bien. Corre y díselo a tu padre, anda.

Niño de tres años: Ya se lo dije ayer. Cuando me mandó a vestirme.

Madre: Y ponte unos zapatos. Haz el favor. Ya.

Niño de tres años: Yo sin zapatos soy más feliz.

Madre: Dios. No me queda nada.

14 de mayo de 2010

Fracaso

Señor muy alto [abriendo la puerta de la calle]: ¿Hola?

La Lupe [preparando la cena y canturreando trocitos asesinos de Cell block tango]: Hola.

[Pinito salta acrobáticamente alrededor del señor muy alto]

Señor muy alto [acariciando a la perra]: Hola, tú, fracaso educativo.

[Pinito insiste en saltar y menear el culo con frenesí y dar lengüetazos al aire]

La Lupe [saliendo de la cocina con una cuchara amenazante en la mano]: No le digas eso al animal.

Señor muy alto: Cómo que no. Fracaso educativo, ven, que tu dueña te vea y te reconozca.

La Lupe: No es un fracaso educativo.

Señor muy alto: Supongo que depende de las expectativas que tuvieras, claro.

La Lupe [toda lealtad]: Últimamente ha mejorado mucho.

Señor muy alto: Sí, ya. Le van a dar el Nobel de la Paz.

La Lupe: Ya no se come los zapatos.

Señor muy alto: No; ahora los roba, los esconde y los chupetea, pero no se los come.

La Lupe [muy digna]: Te parecerá poca mejora.

Señor muy alto: Esta perra no nos tiene respeto ninguno. Date cuenta. Se sube a los sillones y a la cama. Es más, se sube encima de nosotros. Cuando la llamamos no viene...

La Lupe: Sí viene.

Señor muy alto: Bueno, si estás en la cocina y te oye abrir la puerta de la nevera, viene.

La Lupe: Cuando yo la llamo me obedece. O por lo menos no sale corriendo en dirección contraria, como hacía antes. Ahora se queda quieta en el sitio. Eso es un progreso.

Señor muy alto: Ojalá fueras la mitad de optimista con el resto del planeta.

La Lupe [sin hacerle caso]: Y ya no ha vuelto a comerse las paredes.

Señor muy alto: Ah, por cierto, el papel que hace falta para arreglar los agujeros en las paredes cuesta 120 euros el rollo.

La Lupe: No necesitamos un rollo. Con dos metros o tres nos basta.

Señor muy alto: Ya, pero no lo venden por metros. Mínimo, un rollo. Luego habrá que sumar la pintura y la mano de obra.

La Lupe [mirando a Pinito con un poco de desesperación]: Ay.

Señor muy alto: Ay, sí.

La Lupe: Pero cuando le digo “silencio perruno” se calla.

Señor muy alto: Durante una centésima de segundo.

La Lupe: Y cuando le digo “besos sí, mordiscos no” deja de masticar a la gente.

Señor muy alto: Durante dos centésimas de segundo.

La Lupe [sorda y ciega]: Es una perra estupenda. Jovencita aún, impetuosa, pero...

Señor muy alto: Sí, claro. A lo mejor cuando sea vieja y se le caigan los dientes...

La Lupe: Sabe hacer unos trucos divertidísimos. ¿Tú la has visto como se pone en dos patas?

Señor muy alto: Muy útil, sí.

La Lupe [heladoramente]: Otra como esa, bonito, y...

Señor muy alto: Oh, Pinito, cuadrúpedo de belleza sin igual, por favor, ponte en dos patas, que no puedo vivir un segundo más sin ver...

La Lupe: Y pensar que la perra te quiere con locura.

Señor muy alto: Claro. Sólo faltaba que no me quisiera.

La Lupe: Cuánta ingratitud. Dale un zapato, anda, que se entretenga el pobre bicho.

Señor muy alto: Dáselo tú, que tienes muchos.

14 de julio de 2009

Basado en pirados reales

[Pinito y la Lupe pasean por el centro de Santa Cruz. No se hablan. Pinito está ofendida porque la Lupe la cepilló por la violencia para quitarle unas espiguillas que se le habían pegado a las cejas, a los bigotes y al tupé después de la excursión del domingo. La Lupe está de malas no sólo porque Pinito se haya resistido bastante al cepillado y le haya dejado los brazos llenos de moretones, sino porque la afición de la perra a la decoración de interiores está yendo demasiado lejos: ahora dedica sus ratos libres a abrir un agujero en la pared de la entrada. Con los dientes. Y qué querrá poner ahí, se pregunta la Lupe, una vasija de cobre batido, una figurita, qué. En ese punto, una señora mayor cargada de bolsas rojas, de esas de las rebajas del cortinglés, mira a Pinito, frena en seco y asalta a la Lupe en medio de la acera]

Señora: Mira, perdona, ¿la perra de dónde es?

La Lupe [a la defensiva]: Cómo de dónde... De aquí. Es mía.

Señora: ¿Pero la compraste, te la regalaron?

La Lupe [arruga la frente y piensa “la pedí por catálogo, colección Perros Satos Otoño/Invierno 2008-2009”]: No, la recogí de la calle.

Señora: ¡Ajá! ¿De qué calle?

La Lupe: Del Parque Santa Catalina.

Señora: ¿Eso dónde es?

La Lupe: ¿Pero usted es de la policía o qué?

Señora: No, es que yo tengo una amiga que era la dueña de esa perra, y la regaló, y luego se arrepintió y la quiere recuperar. Una depresión tan grande que se cogió, la pobre...

La Lupe: No, ésta no es. Ésta es mía desde chiquitita.

Señora [gritando]: Sí es. Es la de mi amiga, la misma.

La Lupe [en voz baja pero peligrosa]: No es. Y mire, no haberla regalado.

Señora: Sí es, que yorkshires de Alaska blancos y negros de pelo duro hay muy pocos.

La Lupe: ¿Cómo?

Señora: Marroncitos sí hay, pero como ésta no. Son muy raros. Cayetana, Cayetana, ven, ven aquí conmigo.

[Pinito pasa]

La Lupe [muy digna]: Señora, que se equivoca usted. Adiós.

Señora [siguiéndola calle arriba]: ¿No te da pena, mi amiga llorando en su casa y tú aquí disfrutando de la vida?

La Lupe: No. Esta perra es mía. Y no es un yorkshire de Alaska ni nada. Es un chucho. Y se come las paredes. Además, yo no disfruto de la vida. Déjeme, déjeme quieta, de verdad.

Señora: El Señor te va a castigar.

La Lupe: Ya me tiene castigada ya.

Señora: Dame tu teléfono. Dime dónde vives.

La Lupe: Pinito, ataca.

[Pinito pasa]

Señora: Voy a llamar a un guardia.

La Lupe: Estupendo. Tengo los papeles de la perra perfectamente en regla. Acaba de pasar la revisión de los diezmil.

Señora [buscando el móvil en el bolso]: Al cerounodós voy a llamar.

La Lupe: Pues les cuenta la misma historia que a mí, que seguro que les encanta. Adiós.

Señora: ¿Oiga? Sí... Que aquí hay una mujer que tiene una perra que era de una amiga mía... Que la regaló... Pero que ahora la quiere otra vez... Y no se la quiere devolver... Y se va, y no hay guardias a la vista...

La Lupe [lejos ya]: Pinito, ¿tú te quieres llamar Cayetana y vivir en una casa con muchas paredes nuevas? ¿Eh?

[Pinito pasa]


8 de junio de 2009

Manchas

Elenita entra en la tintorería arrastrando una bolsa enorme con un asa rota. Dentro, un edredón de color beige por una cara y burdeos por la otra.
Elenita: Buenos días.
Señora [toda eficiencia]: Buenos días. ¿Tiene ficha aquí?
Elenita [pensando si se referirá al edredón o a ella]: No.
Señora: Pues vamos a reconocerlo. Póngalo aquí.
Elenita [dándose cuenta de que es lo mismo que le dicen cuando va al veterinario, levantando el edredón en peso y esperando que no le dé un mordisco] : Venga, arriba, pórtate bien, que no te va a doler.
La señora mira a Elenita con una cara rara. Luego mira el edredón, que está quieto y callado.
Señora: Tiene manchas.
Elenita [sonriendo tontamente]: Claro, por eso lo traigo.
Señora: ¿Y de qué son?
Elenita: De todo un poco.
Señora [tecleando y señalando a la vez]: Vamos a ver. Ésta.
Elenita: Loción hidratante de vainilla de Tahití.
Señora: ... hidratante. ¿Y ésta?
Elenita: Helado de chocolate belga.
Señora: ... chocolate. Ésta.
Elenita: Vómito de perro.
Señora: Ah... perro... ¿Y ésta?
Elenita: ¿Quedan más?
Señora: Con ésta creo que ya terminamos.
Elenita: Pues no me acuerdo.
Señora: Parece...
Elenita:
Eh...
Señora: Ah...
Elenita: ¿La Península Escandinava?
Señora: No, digo que parece de origen orgánico.
Elenita: CSI.
Señora: ¿Cómo?
Elenita: Que lo deje. Que cuándo vengo a buscarlo.
La señora teclea, medita sobre el paso inexorable del tiempo, suspira.
Señora: El miércoles. Son doce euros. Firme aquí, e-xo-ne-rán-do-nos de toda responsabilidad sobre las manchas.
Elenita firma. Luego duda.
Elenita: Mire, y si el vómito no fuera de perro, sino de persona, ¿sería distinto?
Señora: Tampoco nos haríamos responsables.
Elenita: Ah.
Señora: Tome. Una tarjeta de fidelidad. Si nos trae diez prendas, le regalamos la limpieza de una.
Elenita: ¿Valen alfombras?
Señora: No.
Elenita: ¿Y cortinas?
Señora: Tampoco.
Elenita se va, calculando la cantidad de desastres perrunos y humanos que tienen que darse para que esto le salga medio rentable. Nada, no hay manera.

17 de mayo de 2009

Familia (conversación en dos actos)

“Familia y autoestima son cosas incompatibles”
El señor muy serio de dos metros

I.
Padre [meditabundo]: Pues estoy pensando que tú de pequeña eras un poco así, como la perra.
Hija: ¿Robaba zapatos, me metía debajo de la cama y me los comía?
Padre: No, no, quiero decir que no parabas quieta ni un minuto, y que mirabas a la mayoría de la gente con cara de odio, pero luego, en el fondo, eras buena.
Hija: Ya.
Padre: Como la perra, que lo que tiene no son defectos, sino casi virtudes.
Hija: Ah.
Padre: Sí. Pobrecita, la perra. Hay que conocerla y tener un poco de paciencia con ella. Nadie la comprende.
Hija: A mí tampoco me comprendían. Y paciencia, cero. Acuérdate de Sor María Luisa.
Padre: No, mejor no. Qué miedo daba esa mujer.
Hija: Yo todavía sueño con ella.
Padre: Yo también. Se habrá muerto ya, ¿no?
Hija: Sí. O si no, tendrá ciento diez años y no la dejarán dar clase.

II.
Hija: Que dice Papá que yo de pequeña era como la perra.
Madre: ¿Bigotuda?
Hija: No. Hiperactiva y revirada.
Madre [indignada]: Tu padre, de verdad… Mira: tú de pequeña eras la niña más bonita y más simpática del barrio. Todo el mundo tenía que ver contigo. Eras encantadora. Y cariñosa, y graciosa: te reías muchísimo. Con cualquiera te ibas. Y ya ves de mayor el carácter tan espantoso que se te ha puesto, que le arrancas la cabeza al primero que te lleve la contraria; o empiezas a resoplar y a mascar en seco y a mirar al cielo, en plan “dame-paciencia-señor”. Es una pena. Pero qué se le va a hacer, el tiempo pasa, los niños crecen, y hay que asumir las cosas como vienen… Oye, que la perra se está comiendo las flores de mundo, dile algo, ¡tú, fuera de ahí!

28 de febrero de 2009

De qué hablamos

[Teléfono]

Mamá: ¿Y qué tal todo?

Yo: Bien. Aunque la perra se come las paredes.

Mamá: ¿Las paredes?

Yo: Que verás, si fueran mías... Pero son del casero. Y luego no puedo evitar pensar que cualquier día, mientras esté yo trabajando, se pone a masticar un muro de carga y tenemos una desgracia.

Mamá: Igual le falta calcio al animalito.

Yo: Si le faltara calcio no tendría esos colmillos de tigre de dientes de sable, ¿no?

Mamá: No... ¿Muerde mucho?

Yo: Muchísimo. Voy por la casa con los guantes del horno puestos, no te digo más.

Mamá: Ah, ¿pero tú tienes de eso?

Yo: Cuatro. Al principio sólo tenía uno, pero fui y compré más. Y porque no los hacen para los pies, en formato bota-de-caña-alta, que si no...

Mamá: Tú es que siempre has sido muy exagerada. Desde chica.

Yo: ¿Quieres que te mande un parte de lesiones?

Mamá: Nada, nada. Los cachorros son todos así. La Pulga también era muy mordelona, y ahora ya la ves, tan dulce, tan encantadora. Ya no muerde.

Yo: No; ya no nos muerde a nosotros.

Mamá: Eso. Sólo a los desconocidos que no le caen bien.

Yo: Que son todos.

Mamá: Todos no. El otro día...

Yo [interrumpiéndola]: Pero la Pulga ha tardado dos años en enderezarse. No sé si aguantaré tanto, yo.

Mamá: Tú trátala con cariño, pobrecita. No le levantes la voz.

Yo: Le levanto la voz y la alpargata, Mamá, que si no me me echa del sofá y llama al servicio de habitaciones y pide la cena por teléfono, con vino, café, copa y puro, y un cartón de tabaco. Y hay que ponerle límites. Tú, como a los tuyos los tienes tan consentidos...

Mamá [ahora le toca a ella interrumpir]: Mira, ¿y tú crees que podríamos hablar de algo que no fueran los perros y su educación?

Yo: Sí. La semana que viene se me acaba el contrato.

Mamá: Ya.

Yo: Y no tengo derecho a paro.

Mamá: Ah.

Yo: Y este año no se convocan oposiciones de nada. No sé muy bien qué voy a hacer.

Mamá: Y, aparte de las paredes, ¿te come bien, la perra? ¿Qué le das, pienso?

Yo: Sí. Uno caro. Me lo vende el veterinario.

25 de febrero de 2009

Pinitencia

Señor muy serio de dos metros [de pie en la cocina, mirando a Pinito desde las alturas]: Hola, perrúscula.

Pinito brinca y salta como los peces en el río, pero con más movimiento de cola. Luego se para en seco y le muerde un zapato con terrible concentración.

Señor [quitándosela de encima con cuidado]: Pero Pinitencia, ¿qué pasa?

Pinito, toda colmillos y saña, va a por el otro zapato.

Yo [agotada]: ¿Tú me comprendes?

Señor: Bastante.

Yo [en tono educativo]: ¡NO!

Pinito: Grgrgñ.

Señor [conciliador]: No, oye, no.

Pinito: Grgñ.

Yo [hablándole al Señor y dándole una jalada a Pinito]: ¿Te sabes algún exorcismo bueno para perros?

Pinito suelta el zapato y se va haciéndose la ofendida, hocico en alto, a ver si se puede comer la alfombrilla del baño.

Señor [sorprendido]: Mira, no pone cara de "dame un euro".

Yo: No, eso es cuando quiere algo, no cuando la castigas.

Señor [científico]: Perdona, pero ayer cuando la encerré en la solana puso una cara clarísima de "dame un euro".

Yo: No, era cara de "dame dos euros-o cincuenta céntimos-dame lo que lleves-no me importa que no tengas suelto-cómprame un bocadillo-hace tres días que no como", y lo que quería era que la sacaras de la solana.

Señor: Menos mal que es chica y no alcanza más arriba del tobillo.

Yo: Menos mal.

17 de enero de 2009

Café

Operadora: Entonces, señora Pérez, ¿quiere usted pedir nuestras exclusivas cápsulas de café de intenso aroma y gran calidad a razón de 33 céntimos cada cápsula?

Yo: Sí.

Operadora [con sonsonete]: ¿Sabe que la compra mínima es de 50 cápsulas y que se las llevamos a su domicilio en un plazo de 48 horas?

Yo: Sí.

Operadora: Bien; pues antes de nada necesito su nombre completo, su NIF, su dirección, sea la de su casa, la de su empresa o las dos, el modelo de cafetera que tiene, el número de serie de la cafetera, su teléfono fijo, su teléfono móvil, el número de miembros de su familia, su consumo medio de café...

Yo: ¿Y una muestra de ADN no?

Operadora: No.

Yo: Usted es de la CIA, ¿verdad?

Operadora: ¿Cómo?

Yo: Que esto es para venderme café, no para darme un niño en adopción... ¿Para qué quiere tantos datos?

Operadora: Para nuestros ficheros.

Yo: Sus ficheros.

Operadora: Sí.

Yo: Pero yo no quiero estar en sus ficheros.

Operadora: ¿Y entonces cómo le enviamos las cápsulas?

Yo: Una cosa es que tengan mi nombre y mi dirección, y otra que sepan cuántas habitaciones tiene mi casa, lo que pago de hipoteca...

Operadora: Espere un momento que lo consulto.

Yo: Bueno.

[Lalalá, lalalá, lalalá...]

Operadora: Señora Pérez.

Yo: Sí.

Operadora: Me dicen que todo esto es completamente rutinario, y que es parte de su proceso de inscripción en el Mágico Club del Café.

Yo: Ya.

Operadora [odiándome]: Permítame hacerle una oferta.

Yo [desconfiada]: Ah.

Operadora: Una oferta de bienvenida. Una muestra de todas nuestras variedades de cápsulas, en una decorativa caja de ébano, por sólo 107 euros...

Yo [interrumpiéndola] : Déjelo, déjelo.

Operadora: ¿Entonces? ¿Qué desea que hagamos con las cápsulas y su inscripción en el Mágico Club del Café?

Yo: Pues mire, me lo voy a pensar, y un día que me levante cariñosa y comunicativa la vuelvo a llamar y le cuento mi vida entera, ¿le parece?