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23 de noviembre de 2014

Poesía (I)


[En una cafetería oscura y medio pegajosa, con una máquina tragaperras cantando en la puerta y un señor chino concentradísimo, venga monedas y monedas]

Poeta: Buenos días, ¿usted es Guadalupe?
Lupe [toda dispuesta y sonriente]: Sí, sí, buenos días.
Poeta: Yo soy Ricardo. Encantado. Pues mire, lo que necesito es que transcriba, numere y ordene unos poemas que he escrito a mano.
Lupe [entusiasta]: Claro, claro.
Poeta: Son unos cinco mil poemas.
Lupe [algo menos entusiasta]: Cinco mil.
Poeta: Sí, porque yo estoy lleno de ideas a todas horas, y claro.
Lupe [pensando de repente: más poemas, más euros, más comida]: Qué bien.
Poeta: Escribo haikus. Y tengo que organizar y releer estos cinco mil para seleccionar los mejores tres mil trescientos treinta y tres. Porque quiero preparar tres tomos independientes de mil ciento once.
Lupe [parpadeando como una gallina]: Ajá.
Poeta: Le interesará saber cuál es la temática.
Lupe: Por supuesto.
Poeta: Pues hay aproximadamente mil quinientos que hablan de Dios. Luego ya perdí el interés por la religión y me centré en el binomio árbol-ave fénix.
Lupe [suspirando por dentro]: Sí, sí.
Poeta: De esos hay unos dos mil. Y el resto está dedicado al ecofeminismo y a la pachamama. A lo mejor quiere usted que le lea unos cuantos.
Lupe: Cómo no.
Poeta: Aunque la verdad es que en un sitio público, y esta atmósfera, no sé, no se presta mucho...
Lupe [alarmada]: Pues no se preocupe, usted me los da y yo los leo en casa, privadamente.
Poeta: Es que yo creo que le vendría bien conocer el tono, la sonoridad, el espíritu de la obra antes de empezar el trabajo. Mire, le leo uno en voz baja:

Las moscas sorben
el almíbar negro de Dios
cocodrilesco

Yo: Oh.
Poeta: Y este otro:

El árbol ruge
sobre el ojo no muerto
del héroe pollo

Lupe [confiando en no haber entendido bien]: Qué interesante.
Poeta [como disculpándose]: Verá que la caligrafía no es muy clara. Es que escribo donde quiera que me encuentre la idea. Y tengo muchas ideas mientras conduzco. Así que siempre llevo lápiz y papel en el salpicadero, y desde que aparece el poema, lo apunto.
Lupe: Se para en el arcén.
Poeta: No, no, lo escribo en marcha. Si me paro se me va.
Lupe: ¿Y nunca le ha pasado nada?
Poeta: Bueno, he tenido dos conatos de accidente, no, tres, pero nada más.
Lupe [definitivamente desalentada]: Ah.
Poeta: Aquí traigo la primera parte del poemario [saca una carpeta]. Mire el material, estúdielo y póngame un correo con el presupuesto.
Lupe: Muy bien.
Poeta: La dirección es escombropútrido@rmail.com
Lupe: Muy bien. Pues ya hablamos.

[Lupe se va a su casa con la carpeta de propaganda de la CEOE bajo el brazo, preguntándose por qué, por qué, por qué no se puede ganar la vida como la gente normal]
(continuará)

11 de agosto de 2012

Parque (114)

La Lupe, toda disciplinada, va a correr al parque a las ocho de la mañana. A veces antes. Pinito la acompaña. A esas horas no hay gente y se ven más animales de lo habitual. Un loro del Amazonas. Una bandada de cotorras verdes con el pico rojo. Mirlos. Gorriones morunos. Libélulas. Ratas. Ah, la biodiversidad.
La Lupe llega al sitio donde suele hacer el calentamiento y empieza a rotar los tobillos. Ahí, debajo del tamarindo, hay un señor en pantalones cortos que mira hacia arriba y tira besos al aire. La Lupe no dice nada. El señor saluda. "Es que hay un periquito ahí perdido, azul, ¿lo ves?". El tamarindo es enorme y frondoso. Para que la Lupe lo viera, el perico tendría que estar lanzando bengalas de salvamento. "No". "Sí, mujer, ahí", y señala. "No, lo siento, no lo veo". "Bueno, pues esta ahí y voy a ver si acude a mi llamada, porque las cotorras lo van a avasallar al pobre; estos animales no se saben valer en libertad". La Lupe se da cuenta de que  el señor, que sigue tirando besos, tiene una jaula de esas antiguas, de madera y alambre, con la puertita abierta, y se enternece. El perico puede elegir; un parque entero, con árboles tropicales, cincuenta especies de flores, bambúes, fuentes, gente que reparte millo y pan de ayer, o una jaula del tamaño de una caja de zapatos y un señor.
La Lupe arranca a correr. De fondo sigue oyendo besos volados.

2 de junio de 2012

PPPG


Pinito pesa ocho kilos y es poco perro. Cuando se moja se queda en nada. Nada más que hocico, ojos desorbitados y temblores. Pero ayer le sentó mal alguna de las carroñas que se comió por la calle (había una paloma muerta, bastante-bastante muerta, sí, este paréntesis mejor cerrarlo), y entre las tres y las cinco de la mañana consiguió producir un volumen asombroso de detritus. Asombroso de verdad. Hasta aquí la elegancia, señores. Pinito se cagó, se meó, y, como le pareció poco, vomitó. Varias veces. Varias veces todo. En varios sitios. El señor alto la llama PPPG (Planta Peluda Productora de Guano). Yo la llamo otras cosas.
¿Y por qué les cuento esto? Porque cuando Pinito empezó a hacer ruidos sospechosos, yo estaba dormida, soñando que trabajaba en una casa enorme, enormísima, con diez habitaciones y patios y jardines y un estanque y un montón de perros. Yo llevaba delantal y alpargatas, venía de la huerta de recoger tomates para la cocinera, y el dueño de la casa me decía que por favor me esmerase en dejarlo todo brillando, porque a la hora del café llegarían unos señores para una reunión importantísima. Que se sentarían en la veranda, y que no quería ver ni una mierda de perro. Y yo empecé a recoger mierda de perro y a pastorear a los animales al otro extremo del jardín, por si les daba por expresarse en el último momento. Y me pasé mucho rato recogiendo mierda de perro y fregando las lajas del camino y sacando brillo a la veranda y apestando a lejía, todo por tres euros la hora más la comida, sin seguro ni contrato.
Y cuando me desperté, ¿qué fue lo primero que hice?
Recoger mierda de perro, fregar y apestar a lejía. Gratis. Sin seguro ni contrato.
La ventaja es que en mi casa puedo gritar, protestar y hasta cantar cosas blasfemas mientras limpio.

12 de abril de 2012

Con arroz y tomate


La Lupe está en el sofá, atenta a la pantalla del ordenador. Pinito se acerca y la mira fijamente.
Pinito: Jefa.
La Lupe no la escucha.
Pinito: Jefa. Jefa. Jefa. JEFA. JEFA.
La Lupe: Qué.
Pinito: Que me des de comer.
La Lupe: Ya comiste.
Pinito [poniendo cara de Oliver Twist]: Sí, pero quiero más.
La Lupe: No, que estás gorda.
Pinito [ofendida]: Tú también, y comes lo que te da la gana.
La Lupe: Aquí la que manda soy yo. Además, no como lo que me da la gana, no es verdad. Si fuera así hoy pondría arroz negro de primero, y croquetas, y secreto ibérico, y luego...
Pinito: Jefa. Céntrate. Dame comida.
La Lupe: Que no, que no te conviene.
Pinito [fría]: Ah, si vamos a hablar de lo que conviene y lo que no...
La Lupe: ¿Qué?
Pinito: Nada. Que a ti te parecerá que estoy gorda, pero en realidad soy pequeña y ágil, y me meto debajo de los sillones y las mesas, y veo y oigo cosas...
La Lupe: ¿Y qué?
Pinito: Cosas que probablemente no querrás que se sepan.
La Lupe [toda digna]: ¿Como por ejemplo?
Pinito: Como que estás a dieta, pero el otro día te mandaste tres huevos fritos con papas y ajitos por encima. O como la cantidad terrorífica de chocolate y frutos secos que te tragas a escondidas.
La Lupe: Son muy sanos. Omega tres y antioxidantes y...
Pinito: ¿Y entonces por qué te escondes?
La Lupe: No me escondo. Todo el mundo tiene derecho a disfrutar de un poco de intimidad.
Pinito: Ya. Supongo que si respiraras y masticaras mínimamente no te daría tanta vergüenza.
La Lupe: Pero mira, perra, yo a ti no te debo explicación ninguna.
Pinito: No, no. Ni a tu madre tampoco.
La Lupe: ¿Eh?
Pinito: Vamos, que ella no tiene por qué saber  que es mentira eso que dices de que usas muchísimo la vaporera que te regaló. Que ni la has sacado de la caja todavía, y la tienes en el trastero, y la quieres vender en Ebay.
La Lupe: Es que es un aparato triste. Pescadilla al vapor. Dan ganas de llorar.
Pinito: O tu hermana. Ella tampoco se tiene que enterar de que...
La Lupe: Bueno, ya basta.
Pinito: Tengo hambre.
La Lupe: ¿Sí? Pobrecita. ¿Quieres una lata de sardinas?
Pinito: Pero con arroz y tomate.
La Lupe: Bueno. Mira, y una cosa, ¿estuviste leyendo mis libros otra vez, verdad?
Pinito [estirándose]: No. Yo soy más de series.
La Lupe:A mí no me engañas. Esto es puro Saki. Tobermory, vamos. 
Pinito: ¿Y mis sardinas?
La Lupe: Voy.

2 de abril de 2012

Balance del 02/04/12

Llamadas de empresarios que requieren mis servicios y están dispuestos a pagar por ellos: 0.
Correos electrónicos felicitándome y notificándome que he pasado con éxito a la siguiente fase del proceso de selección de personal: 0.
Facturas pendientes cobradas: 0.
Ganancias en el juego: 1,50 euros (del Gordo de la Primitiva).
Ideas luminosas para salir de la pobreza: 0.
Dolores de barriga: 1.
Despelusamiento estructural: 1.
Ganas inexplicables de ser pelirroja y tener pecas: 96.
Horas pasadas en la cocina, fregando, guisando, horneando, lavando: 5.
Técnicos que vinieron a instalar una persiana y lo llenaron todo de porquería de procedencia desconocida: 1.
Paseos perrunos: 3.
Conversaciones inevitablemente idiotas con señoras del barrio que terminan todas las palabras en -ito o en -ita y que me llaman "doña": 1.
Colas en las dependencias del ayuntamiento: 1 (larga).
Café festivo con amiga: 1.
Regalos inesperados: 1.
Seres de origen prehistórico que pretenden ligar conmigo y/o venir a comer a casa: 1.
Seres elegantemente informados de que vivo con un señor muy alto y muy serio al que no le gusta compartir las cervezas ni las judías con chorizo de su propiedad, y menos con desconocidos, y menos con desconocidos de origen prehistórico: 1.
Mejora de la autoestima atribuible al mencionado intento de ligue: 0.
Procesiones de Semana Santa con banda de cornetas y tambores que se cruzan en mi camino (y el de la Pini): 2.
Maldiciones y blasfemias: 2.
Oportunidades para usar la palabra "ponzoña": 1 (en el Apalabrados).
Dudas sobre si me estaré volviendo (más) loca: 3.



11 de enero de 2012

Del jueves no pasa

Es temprano y estoy en la plaza, jugando con la perra. Mientras le doy patadas a la pelota, miro el móvil. Tengo tres partidas de Apalabrados abiertas a la vez. Y llevo música, y canto bajito. Me fijo en las personas que salen de la concejalía de Cultura, que traen un papel en la mano y cara de incertidumbre. ¿Habrá un proceso de selección de algo? ¿Prácticas, becas, ayudas? ¿Un concurso? ¿Una bolsa de sustituciones? ¿Una escuela-taller? Bueno, luego voy a preguntar. Al otro lado de la plaza están los empleados del teatro, fumando, riéndose y viendo cómo salta Pinito, que parece que nació en el circo. Debería pasar la gorra, pienso. El público es entusiasta y yo, pobre. Y muy dispuesta, y muy capaz. Observen, señores, qué toque de balón, qué potencia, qué precisión. Además mi vocabulario es prodigioso. Acabo de escribir “fagocitar” en el Apalabrados. 62 puntos. Y sé inglés; estoy cantando una de los Beatles con excelente acento y entonación. Alguien tendría que darse cuenta y venir y decirme “oiga, es que no podemos vivir sin usted, es la única esperanza de nuestra empresa, acérquese y firme este hermoso contrato indefinido, no, no se resista, es inútil”.
Aunque igual no lo ven porque llevo estos rizos de loca, y un pantalón de chándal morado y una camiseta de los Teleñecos. Y unos cascos de Bob Esponja. Y porque no canto tan bajito como creía. Bueno, mañana vengo sin música y con traje de chaqueta. Y me peino de otro modo. Me peino, quiero decir. Y no corro detrás de la Pini cuando de repente levante las orejas y salga disparada hacia la churrería porque llegó el dueño, un señor mayor que la mira con arrobo y le da de desayunar como si yo la matara de hambre. Mañana, dignidad y poderío. Y del jueves no pasa que salga del paro.

4 de agosto de 2011

Barrio

En mi barrio hay alguien que quiere alquilar una plaza de garaje, así que pegó un cartel en la puerta con doce chicles (masticados). Hay, que yo sepa, tres especies distintas de cucarachas voladoras (las grandes, las enormes y las translúcidas). También hay un señor chino que, cuando cierra la tienda, se descalza y se recuesta sobre una vespa plateada que tiene, con los pies cruzados sobre el manillar, a comer pipas y a mirar a la gente que pasa por la acera. Si uno se despista, le escupe las cáscaras encima. Hay una señora que se ofrece a dar clases de timple, guitarra, bandurria y laúd. Hay un gabinete de depilación y doce peluquerías (gana el pelo por goleada, sí). Siempre-siempre-siempre hay una valla y unos señores de una contrata agujereando el suelo e interrumpiendo el tráfico. Y gatos. Un montón. Hay un bar que tiene una pizarra por fuera, en la que, hasta hace dos meses, se leía "Vendo bicicleta BH". Con tiza azul. Ahora se lee "Papas de Tacoronte y cebollas de Guayonge". Hay cientos de casas en ruinas. Y una tasca que pone jamón del caro y gambas blancas de Huelva. Y tres tiendas de empeños. Y un taller de costura para los carnavales. Y una escuela de baile flamenco. Aparcamiento no hay. Ni biblioteca. Ni tranvía. Pero no importa. Es un barrio exótico y nos enorgullecemos de él igual.

14 de mayo de 2010

Fracaso

Señor muy alto [abriendo la puerta de la calle]: ¿Hola?

La Lupe [preparando la cena y canturreando trocitos asesinos de Cell block tango]: Hola.

[Pinito salta acrobáticamente alrededor del señor muy alto]

Señor muy alto [acariciando a la perra]: Hola, tú, fracaso educativo.

[Pinito insiste en saltar y menear el culo con frenesí y dar lengüetazos al aire]

La Lupe [saliendo de la cocina con una cuchara amenazante en la mano]: No le digas eso al animal.

Señor muy alto: Cómo que no. Fracaso educativo, ven, que tu dueña te vea y te reconozca.

La Lupe: No es un fracaso educativo.

Señor muy alto: Supongo que depende de las expectativas que tuvieras, claro.

La Lupe [toda lealtad]: Últimamente ha mejorado mucho.

Señor muy alto: Sí, ya. Le van a dar el Nobel de la Paz.

La Lupe: Ya no se come los zapatos.

Señor muy alto: No; ahora los roba, los esconde y los chupetea, pero no se los come.

La Lupe [muy digna]: Te parecerá poca mejora.

Señor muy alto: Esta perra no nos tiene respeto ninguno. Date cuenta. Se sube a los sillones y a la cama. Es más, se sube encima de nosotros. Cuando la llamamos no viene...

La Lupe: Sí viene.

Señor muy alto: Bueno, si estás en la cocina y te oye abrir la puerta de la nevera, viene.

La Lupe: Cuando yo la llamo me obedece. O por lo menos no sale corriendo en dirección contraria, como hacía antes. Ahora se queda quieta en el sitio. Eso es un progreso.

Señor muy alto: Ojalá fueras la mitad de optimista con el resto del planeta.

La Lupe [sin hacerle caso]: Y ya no ha vuelto a comerse las paredes.

Señor muy alto: Ah, por cierto, el papel que hace falta para arreglar los agujeros en las paredes cuesta 120 euros el rollo.

La Lupe: No necesitamos un rollo. Con dos metros o tres nos basta.

Señor muy alto: Ya, pero no lo venden por metros. Mínimo, un rollo. Luego habrá que sumar la pintura y la mano de obra.

La Lupe [mirando a Pinito con un poco de desesperación]: Ay.

Señor muy alto: Ay, sí.

La Lupe: Pero cuando le digo “silencio perruno” se calla.

Señor muy alto: Durante una centésima de segundo.

La Lupe: Y cuando le digo “besos sí, mordiscos no” deja de masticar a la gente.

Señor muy alto: Durante dos centésimas de segundo.

La Lupe [sorda y ciega]: Es una perra estupenda. Jovencita aún, impetuosa, pero...

Señor muy alto: Sí, claro. A lo mejor cuando sea vieja y se le caigan los dientes...

La Lupe: Sabe hacer unos trucos divertidísimos. ¿Tú la has visto como se pone en dos patas?

Señor muy alto: Muy útil, sí.

La Lupe [heladoramente]: Otra como esa, bonito, y...

Señor muy alto: Oh, Pinito, cuadrúpedo de belleza sin igual, por favor, ponte en dos patas, que no puedo vivir un segundo más sin ver...

La Lupe: Y pensar que la perra te quiere con locura.

Señor muy alto: Claro. Sólo faltaba que no me quisiera.

La Lupe: Cuánta ingratitud. Dale un zapato, anda, que se entretenga el pobre bicho.

Señor muy alto: Dáselo tú, que tienes muchos.

12 de septiembre de 2009

Menú

[La Lupe vuelve del parque con Pinito. El señor muy serio de dos metros está en el sofá]
Señor muy serio de dos metros: ¿Qué tal hoy?
La Lupe: Bueno, no ha habido muertos ni heridos de consideración.
Señor: Ah, vamos mejorando. Muy bien, Pinito [y acaricia a la perra, que salta y da lametones desaforados].
La Lupe: Pero se escapó, se metió entre los bambúes y se puso a comerse las hojas, y tardé bastante en cogerla. Me gustaría tener una conversación con el que diseñó ese parque, ¿sabes? Porque se le fue la mano con las espesuras.
Señor [hablándole a Pinito]: El día que te hagamos un estudio genético, Animaligna, vamos a descubrir que eres medio oso panda también.
La Lupe: Medio oso panda y medio Houdini. La voy a matar.
Señor
[repentinamente concentrado en algo que dan en la tele, sin escuchar nada]: Estupendo.
La Lupe: Pero primero, le voy a dar de comer.
Señor: Muy bien.
La Lupe:
Que no sé con qué amenizarle el pienso, porque el confit de pato y el foie se acabaron ayer, y cigalas tampoco nos quedan.
Señor: Claro.
La Lupe: Aunque jamón ibérico sí tenemos, ¿no?
Señor: Sí.
La Lupe: Bueno, pues le pongo jamón, un gazpacho de guisantes tiernos y luego un arroz negro, ¿te parece?
Señor: Lo que tú digas, vida mía.
La Lupe: Y de postre... bueno, no, que hay queso de Garafía, y luego con el café y un poco de chocolate va que se mata. Y el pienso nos lo comemos nosotros, que es muy sano, muy equilibrado.
Señor: Ajá.
La Lupe: Me encanta la tele. Cómo contribuye a la paz del hogar. Pinito, ven, que te voy a dar la comida, anda.

17 de agosto de 2009

Vacaciones

"Yo no fui. No tienes pruebas. Yo a esa hora estaba en otro sitio".

[Teléfono]

La Lupe: Hola, Mami.
Mamá: Hola, qué tal, ¿cómo lo están pasando?
La Lupe: Bien... Vamos a la playa, y al spa... y a la playa, y al spa... y a la playa...
Mamá: Sí, sí, me hago una idea.
La Lupe [un poco preocupada]: Mira... Y Pinito, ¿cómo se está portando?
Mamá: Ah. Pues la primera noche se la pasó leyendo.
La Lupe: Dios.
Mamá: Hay que ver cómo se parece a ti, ¿eh?
La Lupe [ofendida]: Bueno, a mí los libros me duran más. Ella los lee una vez y ya.
Mamá: No sé yo. Cuando eras pequeña los perdías, te los llevabas a la bañera, los llenabas de nocilla...
La Lupe [interrumpiéndola]: ¿Y que estuvo leyendo?
Mamá: Ah, clásicos juveniles. Dice tu padre que no te preocupes, que todos los libros eran tuyos.
La Lupe [poco animada]: Ah.
Mamá: Pero fue sólo la primera noche. Luego le quitamos la lectura y entonces se comió una lámpara.
La Lupe: Ya.
Mamá: Y luego la dejamos durmiendo en el jardín, con los demás perros. ¿Tú sabías que Pinito es vegetariana?
La Lupe: No. Ella se lo come todo, vegetal, animal o mineral. No distingue.
Mamá: Pues la podías alquilar como segadora. Qué energía, qué dientes.
La Lupe: Ay.
Mamá: Las calas, las petunias, las hortensias...
La Lupe: Cuánto lo siento... Yo te las repongo cuando vuelva.
Mamá: Pero es encantadora, la perra. Tiene una sonrisa... Es muy expresiva. Cuando llegamos de la calle se alegra muchísimo de vernos. Un meneo de rabo, unos saltos... Salta como un metro.
La Lupe: Es que está esperando que le des de zapatillazos por todas las maldades que hace, Mami, y como no le das, se alegra mucho.
Mamá: Animalito. Si sólo tiene ocho meses.
La Lupe: A ver si llega a los nueve.
Mamá: No, mujer. Además encontró ella sola una solución estupenda. Porque verás, con los chihuahuas se lleva muy bien, y con la perra grande también, y está todo el día brincando y correteando: pero la gata no la quiere. Y aún así ella se empeña en jugar con la gata. Que le huye, claro. Entonces uno de estos días, persiguiendo a la gata, se encaramó por un muro, tiró dos macetas y se metió en el jardín del vecino. Y allí se pasa mucho rato, segando y comiendo flores, tan contenta.
La Lupe: ¿Y el vecino?
Mamá: En Seúl.
La Lupe: ¿Y cuándo vuelve?
Mamá: No sabemos. Pero ese jardín es la selva. Yo le puse una pipeta suplementaria a la Pino por si los bichos. Y total, si el vecino vuelve y dice algo le pasamos la factura por los servicios de desbroce.
La Lupe: Pues qué bien. ¿Y está comiendo como debe ser?
Mamá: Claro. Yo sirvo el buffet de piensos y allá van los cinco, en fila.
La Lupe: No le estás dando café con magdalenas, ¿verdad?
Mamá: Por supuesto. Y zumo de naranja. Y a veces, huevos revueltos.
La Lupe: Mamá.

Mamá
[muy dispuesta de repente]: Mira, ¿tú a la perra le haces algo en el pelo?
La Lupe [a la defensiva]: La baño y la peino cuando le toca.
Mamá: Está totalmente Scotch-Brite.
La Lupe: Es que es así, tiene el pelo duro. No le vayas a poner suavizante ni porquerías de esas.
Mamá: Yo la veo, la pobre, con ese pelo y esos ojos tan chicos...
La Lupe: Mami, no tiene los ojos chicos: es que tú vives en un mar de chihuahuas y estás acostumbrada a semejante desproporción. Pinito está bien como está. No le hagas nada.
Mamá: No, en los ojos no le puedo hacer nada, criatura, pero en el pelo... Todos los demás tan brillantitos y tan suaves y ella tan estropajosa...
La Lupe: Por favor te lo pido, déjala así.
Mamá [pensando muy claramente "ya veremos ya"]: Bueno.
La Lupe: Me voy al spa.
Mamá [acusadora]: Tú te estarás haciendo tratamientos de esos para la piel, ¿no? Y la pobre perra Scotch-Brite...
La Lupe [sorda]: Dale besos a Papi.
Mamá [sorda también]: Tengo aquí una mascarilla nutritiva especial para perros al aroma de fruta de la pasión que le va a venir que ni pintada.

14 de julio de 2009

Basado en pirados reales

[Pinito y la Lupe pasean por el centro de Santa Cruz. No se hablan. Pinito está ofendida porque la Lupe la cepilló por la violencia para quitarle unas espiguillas que se le habían pegado a las cejas, a los bigotes y al tupé después de la excursión del domingo. La Lupe está de malas no sólo porque Pinito se haya resistido bastante al cepillado y le haya dejado los brazos llenos de moretones, sino porque la afición de la perra a la decoración de interiores está yendo demasiado lejos: ahora dedica sus ratos libres a abrir un agujero en la pared de la entrada. Con los dientes. Y qué querrá poner ahí, se pregunta la Lupe, una vasija de cobre batido, una figurita, qué. En ese punto, una señora mayor cargada de bolsas rojas, de esas de las rebajas del cortinglés, mira a Pinito, frena en seco y asalta a la Lupe en medio de la acera]

Señora: Mira, perdona, ¿la perra de dónde es?

La Lupe [a la defensiva]: Cómo de dónde... De aquí. Es mía.

Señora: ¿Pero la compraste, te la regalaron?

La Lupe [arruga la frente y piensa “la pedí por catálogo, colección Perros Satos Otoño/Invierno 2008-2009”]: No, la recogí de la calle.

Señora: ¡Ajá! ¿De qué calle?

La Lupe: Del Parque Santa Catalina.

Señora: ¿Eso dónde es?

La Lupe: ¿Pero usted es de la policía o qué?

Señora: No, es que yo tengo una amiga que era la dueña de esa perra, y la regaló, y luego se arrepintió y la quiere recuperar. Una depresión tan grande que se cogió, la pobre...

La Lupe: No, ésta no es. Ésta es mía desde chiquitita.

Señora [gritando]: Sí es. Es la de mi amiga, la misma.

La Lupe [en voz baja pero peligrosa]: No es. Y mire, no haberla regalado.

Señora: Sí es, que yorkshires de Alaska blancos y negros de pelo duro hay muy pocos.

La Lupe: ¿Cómo?

Señora: Marroncitos sí hay, pero como ésta no. Son muy raros. Cayetana, Cayetana, ven, ven aquí conmigo.

[Pinito pasa]

La Lupe [muy digna]: Señora, que se equivoca usted. Adiós.

Señora [siguiéndola calle arriba]: ¿No te da pena, mi amiga llorando en su casa y tú aquí disfrutando de la vida?

La Lupe: No. Esta perra es mía. Y no es un yorkshire de Alaska ni nada. Es un chucho. Y se come las paredes. Además, yo no disfruto de la vida. Déjeme, déjeme quieta, de verdad.

Señora: El Señor te va a castigar.

La Lupe: Ya me tiene castigada ya.

Señora: Dame tu teléfono. Dime dónde vives.

La Lupe: Pinito, ataca.

[Pinito pasa]

Señora: Voy a llamar a un guardia.

La Lupe: Estupendo. Tengo los papeles de la perra perfectamente en regla. Acaba de pasar la revisión de los diezmil.

Señora [buscando el móvil en el bolso]: Al cerounodós voy a llamar.

La Lupe: Pues les cuenta la misma historia que a mí, que seguro que les encanta. Adiós.

Señora: ¿Oiga? Sí... Que aquí hay una mujer que tiene una perra que era de una amiga mía... Que la regaló... Pero que ahora la quiere otra vez... Y no se la quiere devolver... Y se va, y no hay guardias a la vista...

La Lupe [lejos ya]: Pinito, ¿tú te quieres llamar Cayetana y vivir en una casa con muchas paredes nuevas? ¿Eh?

[Pinito pasa]


22 de junio de 2009

Blues de la lagarta y la perra mala (I)

[Éste es para Laura]

La semana pasada Pinito cumplió seis meses. Yo me senté a su lado y la miré, a ver si daba algún signo de madurez y asentamiento. Ella bajó el hocico y las pestañas así, pensativa, y luego me mordió el dedo gordo. Sigue igual, la muy perra. Algo ha crecido: pesa unos seis kilos y tiene unos dientes desproporcionados que, además, le despuntan en todas las direcciones posibles, como a las pirañas. La idea de la madre naturaleza, digo yo, será que no pierda ninguna presa, venga de donde venga. Pero no pienso pagarle la ortodoncia.

Cada mañana a las siete, llena de buenas intenciones, de energía loca, de cansancio existencial y de odio genérico al universo (sí, todo a la misma vez), me levanto para sacar a Pinito. Bueno, para eso y para ver qué más puede haber hecho la más pécora de todas las perras (la llego a bautizar una semana más tarde y le pongo Pécora) y qué maldiciones nuevas van a proyectarse desde el fondo de mi memoria. Yo de chica leía historias de piratas, que es una cosa que deja huella. Pero lo que decía. Una pensaría que el catálogo de sus maldades tiene fin, y no. Lo que sí tiene fin es el número de mis zapatos. Porque aun cuando la mezcla genética de Pinito es difícil de desglosar, sabemos que algo de urraca hay. Y está en su naturaleza robar las cosas que brillan, llevárselas a su cubil y hacerlas pedacitos. Como a mí me gustan los zapatos rojos y violetas y de charol y yo qué sé, y como además soy tamaño familiar, y mis pies en eso no me llevan la contraria, mis zapatos se ven de lejos. Y a Pinito se le encienden los ojos ante el más mínimo zapato. Y tú me dirás “pues ponlos a buen recaudo, mujer absurda”. Ah, sí, pero es que otro de los antepasados de Pinito fue muy claramente una cabra. Salta, salta mucho. En torno a un metro y medio. No sé tu casa, pero la mía, sin ser de juguete, no tiene techos de nueve metros de alto. No puedo colgarlo todo de las bóvedas, junto con las arañas de cristal, y andar todo el día subiendo y bajando poleas.

El miércoles me tocaba ir al fisioterapeuta a las cuatro: me pasé tres cuartos de hora buscando por todos lados el único par de zapatos que no me hacía daño. No hubo manera. Si hubiera encontrado un zapato solo se me habría ocurrido que el otro lo había robado ella, y la habría molido a palos hasta que confesase. Así, al estilo Soprano. Pero que hubieran desaparecido los dos... A las tres y media me rendí, lamentando mucho mi deterioro mental, y me fui al fisio con unos zapatos que me dejaron los pies llenos de ampollas. Y llegué tarde. Que yo creo que por eso el hombre, sonriente pero vengativo, me dejó la espalda machacadita. Y cuando volví a casa, arrastrada y descalza, porque no podía más, y total en esta ciudad no me conoce nadie, y encontré mis dos ex-zapatos favoritos mordidísimos debajo del sofá, y a Pinito, toda dientes y sonrisa y movimiento de rabo, terminando de arrancarles las hebillas...

A Pinito le hace falta un abogado. Y a mí, una de valium y más zapatos, a ser posible blanditos.

17 de junio de 2009

Educación (II)

[La Lupe al teléfono]
Oye, Papi, ¿cómo hiciste tú para educar a la Sofía? Para que te obedeciera tanto, digo. Porque esa perra, cuando la llamas, viene como un tiro, esté donde esté. En cambio mi Pinito, por más que yo grite... ¿Es el rollo ése de firmeza, cariño, liderazgo y tranquilidad? ¿No? ¿Queso? ¿Sí? ¿Majorero blanco? Ay, gracias, Papi.

1 de mayo de 2009

Poema afterpop (creo)

Voy en avión
y cincuenta y seis pasajeros
y dos azafatas
me odian locamente
sólo
porque los tres miligramos de valium
que le di a Pinito
no le hicieron efecto ninguno
y la perra grita como un águila real
ya ves tú
qué gente más antipática
total
para tres cuartos de hora que dura el vuelo

26 de abril de 2009

Esa boca

Aquí tienen una lista de las cosas que le he sacado de la boca a Pinito en los últimos diez días. Sólo les pongo las que puedo escribir sin que me entren ganas de vomitar. Aún así, verán que desde que estoy criando a Pinito he ganado bastante en términos de estómago. Antes era más delicada, yo.

Un hilo de pescar de 45 centímetros de largo al que iban unidos dos anzuelos y la cabeza de una boga.
Un chupachús MegaKojak Sabor Cereza seminuevo (propiedad de mi hermana).
Un Mars Delight nuevo, a estrenar (también de mi hermana).
Seis zapatos variados, nueve calcetines y cuatro piezas de ropa interior.
Una barra de labios rosa suave.
Un teléfono móvil Nokia (not connecting people anymore).
El libro de César Millán.
Un ratón con la mitad de las tripas fuera.
Media lagartija (seca).
Un tuno indio.
Un trozo de alfombra.
Muchos chicles (propietarios no identificados).
Medio pan (verde).
El arnés y la correa de la perra Pulga.
Un rotulador permanente negro.
Un rollo de cinta aislante.
Cinco cojines buenos (propiedad de mi madre) y cuatro baratos (míos).
Un cinturón (mío).
Seis piezas decorativas de potpourri al aroma de lavanda con forma de piña.
El mando de la tele.
Un bote de vitaminas marca Supradyn.
Los restos de una pelota amarilla de caucho que me juraron, en la tienda de animales, que se usaba para adiestrar pastores alemanes y que era total y absolutamente irrompible (p.v.p. 4.5 euros)
Un calabacino.

A veces pienso que me gustaría devolver a Pinito al parque.

29 de marzo de 2009

Educación

Método I. 7.14 am. La Lupe [despelusada, amenazadora, de pie en medio de la calle, dirigiéndose a Pinito, que se acaba de tender, tan tranquila, a la sombra de un coche, y mastica la correa para entretenerse]: ¡¡Tú, bicho, caga, mea, haz algo de una vez ya!!

Método II. 13.25 pm. Señor muy serio de dos metros [en voz baja, inclinándose hacia la perra, que está sentada en la acera y se rasca y mira al cielo]: Excreta, por favor, excreta; será lo mejor.

14 de marzo de 2009

Estadística (I)

Número de veces en la última semana en las que Pinito ha sido recluida en la solana por cometer delitos diversos: 3.114.
Desglose de los delitos más frecuentes:
Desobediencia y resistencia a la autoridad (60%).
Masticación de la persona de la Lupe (8%).
Masticación de las patas de la cama de la Lupe (4%).
Masticación del cable del ordenador de la Lupe (4%).
Robo y destrucción (en grado de tentativa) de ropa y zapatos propiedad de la Lupe (10%).
Robo de comida y bebida propiedad de la Lupe, con especial énfasis en el café con leche (10%).
Ataques de amor asesino a las visitas (4%).

Número de veces en la última semana en que la Lupe ha fregado la terraza con Mr. Proper Limón - Gran Poder de Desinfección, cubriéndose la cabeza con el elegante sombrero tradicional lanzaroteño y el resto con una camiseta gigante del Correcaminos: 6.
Número de veces en que la Lupe fregaba la terraza cada semana, antes de tener a Pinito: 0.

Gramos de pienso que Pinito ha devorado en el último mes y medio: 4.500.
Gramos que pesa Pinito a día de hoy: 2.900.
Número de veces en que la Lupe se ha preguntado cómo es posible: 26.

Breve añadido del domingo por la mañana:
Número de hoyos que Pinito excavó en la playa en una hora: 347.
Grado de putrefacción del ex-calamar que Pinito encontró y se echó a la boca, y se negó a soltar (a pesar de ser perseguida y presionada con técnicas aprendidas en cárceles de Irak), en la escala de putrefacción de calamares de Wagensberg (que va de 0 a 14): 14.
Chinos sorprendidísimos que recibieron cariño y lametones de Pinito sin razón aparente: 3.
No-chinos a los que trató con desdén o agresividad: 36.
Esta perra tiene algo con el Extremo Oriente.

17 de febrero de 2009

La creación de neologismos en la lengua española

Pinitosueltaesomecagoentunaciónperrunaquetejuropordios-
ylavirgensantísimaquetearrancolosdientesunoporunoynocreo-
quehaganprótesisdetutallasueltacabronasueltamiraquete-
devuelvoalparqueconlosyonquis.

3 de febrero de 2009

Pinito



Nombre: Pinito.
Sexo: Hembra.
Especie: Canina.
Raza: Tirando a ratonera, pero sabe Dios.
Color: Negro, blanco, cejas pelirrojas.
Pelo: Mucho.
Señas particulares: Bigotes tremebundos.
Tesitura: Soprano ligera.
Edad:
Mes y medio.
Peso: 950 gramos.

Se pasa la mayor parte del día durmiendo. El resto del tiempo lo dedica a masticar el universo y a pedir comida con un número acrobático-musical que en casa tiene mucha aceptación. Sobre todo cuando lo hace a las seis de la mañana (los primeros compases en la alcoba, los últimos en la cocina).

“Pinito, no, el cable del ordenador no. Pinito, no te metas de patas en el cacharro del agua. Pinito, no, quita el hocico de ahí, que eso quema. O pincha. O corta. O da calambre. O es prestado. Pinito, no, deja la alfombra quieta. Pinito, no, el periódico lo estoy leyendo yo. Pinito, olvídate del sofá. Pinito, como me vuelvas a morder te juro que te hago rellena de castañas. Tres castañas, porque no hay sitio para más, pero te hago y a fuego lento, ¿eh?”.

14 de enero de 2009

Gato Pili

Voy de camino a la frutería, cantando "Sta-aa-ay just a little bit longer" y pensando en manzanas asadas, con su poquito de azúcar y de mantequilla, y me encuentro con el gato Pili, que se llama así porque cuando su familia lo recogió era demasiado chico para que lo bautizaran con garantías, y ahora que tiene siete meses y responde al nombre de Pili no le van a decir por ejemplo José Manuel; y al gato Pili, que está sentado en un muro, no le gusta un pelo que yo cante, que se comprende, porque canto raro, aunque ponga de mi parte, y me mira mal; pero en vez de volverme la espalda con aire de sumo desprecio, que es lo que una esperaría de un gato, me da un manotazo sin uñas ni nada y me tira las gafas debajo de un coche; y yo, en vez de coger al gato y estrujarlo hasta que escupa el hígado y recordarle con voz de psicópata que las gafas me costaron 125 euros porque estaban de oferta y que me quedan menos de dos meses de contrato y que luego vendrá la miseria, siento que me da la risa, y me arrodillo, y recojo las gafas, que no se rompieron pero fueron a parar al charco más asqueroso de Playa Honda (y está reñida la competición), y las seco, y me pongo de pie otra vez, y le doy un manotazo al gato Pili (sin uñas también, juego limpio, juego limpio), y cambio de planes. Nada de frutería ni de manzanas asadas. Me voy a la óptica a que me aprieten bien los tornillos de las gafas, que no se me caigan más. El gato éste no me avasalla a mí.