2 de abril de 2012

Balance del 02/04/12

Llamadas de empresarios que requieren mis servicios y están dispuestos a pagar por ellos: 0.
Correos electrónicos felicitándome y notificándome que he pasado con éxito a la siguiente fase del proceso de selección de personal: 0.
Facturas pendientes cobradas: 0.
Ganancias en el juego: 1,50 euros (del Gordo de la Primitiva).
Ideas luminosas para salir de la pobreza: 0.
Dolores de barriga: 1.
Despelusamiento estructural: 1.
Ganas inexplicables de ser pelirroja y tener pecas: 96.
Horas pasadas en la cocina, fregando, guisando, horneando, lavando: 5.
Técnicos que vinieron a instalar una persiana y lo llenaron todo de porquería de procedencia desconocida: 1.
Paseos perrunos: 3.
Conversaciones inevitablemente idiotas con señoras del barrio que terminan todas las palabras en -ito o en -ita y que me llaman "doña": 1.
Colas en las dependencias del ayuntamiento: 1 (larga).
Café festivo con amiga: 1.
Regalos inesperados: 1.
Seres de origen prehistórico que pretenden ligar conmigo y/o venir a comer a casa: 1.
Seres elegantemente informados de que vivo con un señor muy alto y muy serio al que no le gusta compartir las cervezas ni las judías con chorizo de su propiedad, y menos con desconocidos, y menos con desconocidos de origen prehistórico: 1.
Mejora de la autoestima atribuible al mencionado intento de ligue: 0.
Procesiones de Semana Santa con banda de cornetas y tambores que se cruzan en mi camino (y el de la Pini): 2.
Maldiciones y blasfemias: 2.
Oportunidades para usar la palabra "ponzoña": 1 (en el Apalabrados).
Dudas sobre si me estaré volviendo (más) loca: 3.



1 de abril de 2012

Yes we can


En casa de mis padres hay una habitación misteriosamente enmoquetada. En color crema. No se sabe por qué. Nunca ha habido ni un centímetro cuadrado de moqueta en el resto de la casa. La habitación tiene una ventana grande, un ropero empotrado, un arcón, una mesa, ninguna silla y una bicicleta estática. Y un mueble indeterminado atravesado en el quicio de la puerta para que no pasen los perros. Porque los perros de esa casa (nunca menos de tres ni más de seis) son muy aficionados a la moqueta. ¿Por qué no se deja la puerta cerrada? No se sabe. Es un misterio. Además los perros grandes saltan por encima del mueble, los perros pequeños se arrastran por debajo, y todos terminan, en el mejor de los casos, durmiendo la siesta en la moqueta, a la sombra de la bici. En el peor de los casos hay que echarlos, castigarlos y limpiar entre grandes maldiciones.
La habitación no se usa para nada concreto. Simplemente está ahí. Aunque esta semana había una figurita de la Virgen del Carmen, otra de Santa Rita y una vela roja encendida delante de cada una. Porque yo estaba pendiente de un puesto de trabajo, y pasé por un examen y una especie de entrevista. Todavía no me han dicho nada. Mi madre puso las figuras y las velas, cosa que la obligó a pasar varias veces por encima del mueble indeterminado, dando un brinquito; para llevar las figuras, las velas y el mechero, para echar a los perros que habían saltado o se habían arrastrado detrás de ella.... Pinito, por su parte, tenía especial interés en comerse el fuego y las velas y en rascarse la espalda contra los pedales de la bici y en asomarse a la ventana. Y, si la hubieran dejado, se habría cagado allí mismo, que ella es muy expresiva y le gusta dejar huella de su paso por el mundo, sobre todo en sitios señalados, como la puerta del Parlamento, la oficina del Censo Electoral, el Cortinglés o el Banco de España. Pero mi madre la cogió a tiempo, justo cuando empezaba a arquear el lomo, y la puso fuera.
Entonces se acercó a las figuritas, les dio unos golpecitos cariñosos en la cabeza y les dijo, bajito, “venga, como Obama, yes we can".

29 de febrero de 2012

Pollos

Señor alto: ¿Al final pudiste encontrar pollo-de-corral-ecológico?

La Lupe: Sí. Carísimo. Y amarillo. Buena señal, ¿no? A no ser que los tiñan, a los pobres.

Señor alto: Creo que les ponen colorante en el pienso. Que, por cierto, es de millo transgénico.

La Lupe: Es un asco todo. Deberíamos criar los pollos nosotros.

Señor alto: ¿En el cuarto de la tele?

La Lupe: En la azotea. Los podemos tener arriba, hacerles unas casetas, alimentarlos bien; los dejamos que anden sueltos y se entretengan, que tomen el sol...

Señor alto: Les ponemos televisión de pago...

La Lupe: No, en serio. Y los fines de semana los sacamos al monte.

Señor alto: Cómo, los fines de semana. No los puedes tener encerrados tantos días.

La Lupe: En nuestra azotea no estarían encerrados, y no quiero entrar en detalles sobre la vida que llevan en las granjas, los animalitos...

Señor alto [sin hacer ni caso]: No, mira, tú los sacas con la Pini, a media mañana, a que tomen el aire y hagan amistades, y luego yo por la noche los llevo a todos a la plaza, a jugar a la pelota. Luego, los miércoles, a la piscina, y...

La Lupe: No. De todos modos, ninguno de los dos íbamos a ser capaces de matarlos...

Señor alto [escandalizado]: ¿Matar a mis pollos futbolistas?

La Lupe: Ya me imagino la casa llena de pollos de todos los tamaños, en la mesa del despacho, en la alfombrilla de la ducha...

Señor alto: Durmiendo en la alcoba con nosotros.

La Lupe: Viniendo a recibirnos a la puerta.

Señor alto: Cantando al amanecer.

La Lupe: El guano, las denuncias de Sanidad, la Pini con la boca llena de plumas, el desahucio...

Señor alto: Nada, nada, está claro, nos hacemos vegetarianos.

15 de febrero de 2012

Cuatro trucos

Aquí van unos pocos trucos prácticos para todas aquellas personas que, a causa de la peculiar configuración de sus cabezas, tienden a hablar solas por la calle, pero que, aún así, no desean ser incluidas sin más en el grupo de los que ven espíritus, beben vino de un cartón y/o llevan la bragueta siempre abierta.
1. Hacer como que se le habla al perro. Para esto es preciso tener perro. Y sacarlo. Hablar a perros imaginarios o ausentes es peor que hablar solo.
2. Hacer como que se habla por teléfono. Para esto es preciso tener teléfono, o bien llevar un auricular en la oreja. Con el cablecito cuidadosamente metido en un bolsillo, claro. Hablar con el cablecito colgando es peor que hablar solo.
3. Cantar. La gente no oye la letra de lo que cantas, y en vez de "esta pobre está fatal, voy a agarrar bien el bolso", se dicen "mira qué animosa ella, qué musical".
4. Llevar un flequillo extremadamente largo y tupido y peinárselo de modo que tape la boca.

11 de enero de 2012

Del jueves no pasa

Es temprano y estoy en la plaza, jugando con la perra. Mientras le doy patadas a la pelota, miro el móvil. Tengo tres partidas de Apalabrados abiertas a la vez. Y llevo música, y canto bajito. Me fijo en las personas que salen de la concejalía de Cultura, que traen un papel en la mano y cara de incertidumbre. ¿Habrá un proceso de selección de algo? ¿Prácticas, becas, ayudas? ¿Un concurso? ¿Una bolsa de sustituciones? ¿Una escuela-taller? Bueno, luego voy a preguntar. Al otro lado de la plaza están los empleados del teatro, fumando, riéndose y viendo cómo salta Pinito, que parece que nació en el circo. Debería pasar la gorra, pienso. El público es entusiasta y yo, pobre. Y muy dispuesta, y muy capaz. Observen, señores, qué toque de balón, qué potencia, qué precisión. Además mi vocabulario es prodigioso. Acabo de escribir “fagocitar” en el Apalabrados. 62 puntos. Y sé inglés; estoy cantando una de los Beatles con excelente acento y entonación. Alguien tendría que darse cuenta y venir y decirme “oiga, es que no podemos vivir sin usted, es la única esperanza de nuestra empresa, acérquese y firme este hermoso contrato indefinido, no, no se resista, es inútil”.
Aunque igual no lo ven porque llevo estos rizos de loca, y un pantalón de chándal morado y una camiseta de los Teleñecos. Y unos cascos de Bob Esponja. Y porque no canto tan bajito como creía. Bueno, mañana vengo sin música y con traje de chaqueta. Y me peino de otro modo. Me peino, quiero decir. Y no corro detrás de la Pini cuando de repente levante las orejas y salga disparada hacia la churrería porque llegó el dueño, un señor mayor que la mira con arrobo y le da de desayunar como si yo la matara de hambre. Mañana, dignidad y poderío. Y del jueves no pasa que salga del paro.

25 de noviembre de 2011

Inmortal

Tengo un oso y no sé dormir bien. Así que me voy a la cama con el oso y espero que me llegue el sueño. Mi madre me deja encendida la luz del pasillo para que no tenga miedo, pero no funciona. Además, desde que me duermo la apaga. Y luego me despierto a media noche y pienso que todos nos vamos a morir, o a lo mejor nos hemos muerto ya y no lo sabemos. Me levanto y me acerco a la cama de mi hermana, que es chiquitita pero sí sabe dormir. Como respira y está caliente, está viva. Bien. Luego pienso si no se habrá muerto el oso y me asusto. Voy a la habitación de mis padres, y mi padre me dice que el oso está perfectamente y que me acueste otra vez y respire hondo, que ya veré que me duermo. Vuelvo sin ningún convencimiento y me meto en la cama. El oso no se mueve ni nada. Pero no está frío. Pasa un rato y todo está muy oscuro y no sé qué hacer. Me vuelvo a levantar y voy al cuarto de mis padres. Mi madre me dice “el oso está bien; nunca ha estado vivo, así que no se puede morir, el oso es inmortal, vete a la cama, anda”. Obedezco. Me acuesto mirando a mi oso inmortal. Qué suerte.

23 de noviembre de 2011

Recuerdo con vaca

A mí nunca me han dado cesta de navidad. Y paga extraordinaria, menos. Pero una vez, cuando trabajaba en un periódico, me cayó un regalito de empresa el día 23. Era una bolsa de falso terciopelo rojo, de ése que cruje y pone los pelos de punta, y contenía un nacimiento hecho en China. Al mío le faltaba el niño y, para compensar, llevaba dos vacas, una de ellas defectuosa, con un cuerno de menos. A mi compañera de Economía le tocó una docena de reyes gaspares, todos iguales. Eran restos de una promoción.
Pasé muchísima vergüenza.

5 de noviembre de 2011

Explosividad del ser humano

Supongamos por un momento que existe un ser humano que la semana pasada tropezó en la acera mojada y se rompió las gafas, y que está a dieta desde antes del verano, hasta el punto de que a) ya no se acuerda de lo que es la leche entera ni la mantequilla y b) cree que el brécol es comestible. Incluso crudo. Incluso sin ketchup. Ese ser humano lleva seis meses en el paro y camina por la calle con los ojos multiplicados como La Mosca, buscando trabajo, como sea, donde sea, de lo que sea. Ese ser humano vive justo encima del local de ensayo de una comparsa del Carnaval. Tres noches en semana, los comparseros se reúnen para cantar versiones infames de canciones brasileñas que no se merecen semejante cosa, y tres noches en semana, el ser humano se va poniendo azul y resopla y se aguanta para no a) bajar al local, tocar a la puerta con gran educación y exterminarlos a todos utilizando uranio enriquecido o b) asomarse a la ventana y cantar desaforadamente “apoyá en el quicio de la mancebía miraba encenderse la noche de mayo”. Pero esto no es lo peor; ese ser humano, después de dedicar un montón de tiempo, energía y neuronas a estudiar matemáticas para una oposición (venga ecuaciones con nosecuántas incógnitas, venga fracciones algebraicas, venga ladrillos, muros, obreros y metros inversamente proporcionales, venga depósitos que se llenan y se vacían), se juntó con otros tres o cuatrocientos seres para hacer un primer examen desastroso. Porque nadie le preguntó lo que se había estudiado. Y porque le dieron 30 segundos para resolver problemas tontos, sí, pero no tan tontos como para hacerlos en 30 segundos. En 30 segundos este ser humano no alcanza ni a sumar 29856299999,452 y 40011299994672,166, mñbss y me llevo cuatro. En cambio, le basta un segundo para determinar que “hacémila” está mal escrito. Es injusta la vida. Hay otra cosa que indigna a ese ser humano, a saber, que a unos doscientos euros de distancia se está produciendo una hermosa erupción volcánica, con sus terremotos y sus columnas de humo y sus lavas, y si no lo remedian los euromillones se la va a perder. La cosa es que ese ser humano ve como su explosividad interior aumenta y aumenta, casi tanto como la loza en su fregadero o el número de hormigas empadronadas en su casa. Y no quiere matar a nadie que no sea un comparsero desafinado, pero no se fía de sí misma. Y piensa qué hacer. Le quita la voz al teléfono. Baja a la calle y compra un bote de nutella. Se la come a cucharadas, meditativamente, mientras ve la portentosa película “Megatiburón contra Crocosaurio” (en V.O.). No llega a ninguna conclusión razonable. Vamos, a ninguna conclusión. Piensa irse a nadar y darle de patadas al agua, pero el ayuntamiento no tiene presupuesto para abrir la piscina los fines de semana.

Ah, ya está, mira. Vamos a hacer volar el ayuntamiento.

8 de octubre de 2011

Libros

La librera (sustituta) está detrás del mostrador, enfrentándose al rompecabezas de las devoluciones, los albaranes, las cajas, las facturas y me llevo tres, cuando entra una señora que saluda y dice lo siguiente: "Quiero la novela del escritor ese que se murió". La librera (sustituta) levanta una ceja. "¿Cuándo se murió?", pregunta, por ir acotando la búsqueda y descartar a Cervantes, a Borges y a Plinio el Viejo.
La señora contesta lo que le da la gana a ella. "Es aquel con gafas que no hizo testamento y luego le dio un infarto, aunque era joven, y entonces toda la fortuna se la llevó el padre, y su mujer, la pobre, no vio un duro, porque no estaban casados-casados, sino eran de hecho, que no tenían papeles, quiero decir; y fíjate que además él no se llevaba con el padre, que hacía por lo menos diez años que no se hablaban".
A la librera (sustituta) se le enciende el bombillo. Es Stieg Larsson. "Muy bien. ¿Y cuál de las novelas quiere? Las tenemos las tres". "Enséñame a ver...". La librera (sustituta) busca la trilogía Millennium en la mesa de allá, coge el primer libro y lo levanta. La señora dice, con infinita desconfianza, "¿Ese? ¿No es muy gordo?". La librera está de acuerdo. Para su gusto, le sobran unas cuatrocientas páginas. O quinientas. Pero no se lo va a decir a la señora, que se trata de venderle el libro. "Bueno, se lee muy rápido", apunta. "Quita, muchacha, eso no me lo puedo llevar a la playa, necesito algo ligerito". La librera (sustituta) piensa. "Si le gusta la novela negra...". La señora la interrumpe. "No, que eso es triste. Lo que me gusta son las historias que acaban bien". La librera (sustituta) se acuerda de lo que dice el librero (titular) en estos casos, que es "pues para eso lo mejor es que se compre un cuaderno y lo escriba usted", pero se aguanta y se dedica a estrujarse el cerebro. "¿Y éste?", sugiere, señalando uno de John Fante. "No". "¿Y éste?", uno de Italo Calvino. "No". Kapuscinski no, Ian McEwan no, Gerald Durrell no. La librera (sustituta) pierde todo escrúpulo, suspira y se tira al barro. "Éste lo recomiendan mucho", dice, cogiendo uno de Ruiz Zafón y procurando no poner cara de asco. "Ah, mira, pues igual... ¿Y del de los candados en el puente tienes alguno?". Ése es Federico Moccia. "Todos", dice la librera (sustituta) con voz lúgubre.
La señora se lleva "Perdona si te llamo amor", 9.95 euros, y antes de irse, llena de buena voluntad, le da un consejo a la librera (sustituta). "Tengo una amiga que trabaja en la librería del Cortinglés, de toda la vida, y la empresa la obliga a leerse un libro cada tres meses, para que pueda recomendarle cosas a los clientes, ¿sabes? Y yo creo que eso te vendría bien, porque se ve que mucho no lees tú".
Este trabajo no está pagado.

19 de septiembre de 2011

Información

Información recabada por la Lupe (involuntariamente) en el transcurso de diez minutos en el vestuario de la piscina municipal:
1. El agua está fría.
2. El agua fría es buena para los sofocos y para la flaccidez, pero mala para la reuma y los huesos.
3. Todas tenemos huesos, así que hay que firmar un escrito para que el ayuntamiento mande a subir la temperatura del agua.
4. Es posible guisar pulpo compuesto con papas y queda muy rico.
5. Además, si se compra un pulpo grande, se mete en un táper y hay comida para tres días. Y sabe mejor de un día para otro.
6. El cura de San Benito es el autor intelectual de la antesdicha receta del pulpo compuesto, y hay que ver la vida que llevan hoy día los pobres curas, que hasta tienen que hacerse la comida.
7. Trae buena suerte tener curas y monjas en la familia, sobre todo si una es católica practicante.
8. Hace calor, pero la semana pasada hacía más.
9. En el mercadona están de oferta los cuigüis, que son muy buenos para obrar. Mejores que las ciruelas.
10. El alcalde es tonto.
11. El presidente del gobierno autonómico es tonto.
12. El presidente del gobierno nacional es tonto.
13. La vida está muy cara y muy mala y hay que rezar y tener paciencia.
14. Los negros la tienen muy grande, que una señora estuvo este fin de semana en la playa y vio uno que bueno, de verdad, una cosa.
15. No hay que darles nada verde a los loros, que se envenenan.
16. La monitora del acuabí grita mucho y manda mucho, pero nunca se ha visto que se meta ella en el agua, cosa que no está bien porque no predica con el ejemplo.
17. Encarnita se fue de vacaciones a un parque nacional y le gustó tanto. Si no fuera que a todos lados tenía que ir andando y eso cansa.