17 de junio de 2009

Educación (II)

[La Lupe al teléfono]
Oye, Papi, ¿cómo hiciste tú para educar a la Sofía? Para que te obedeciera tanto, digo. Porque esa perra, cuando la llamas, viene como un tiro, esté donde esté. En cambio mi Pinito, por más que yo grite... ¿Es el rollo ése de firmeza, cariño, liderazgo y tranquilidad? ¿No? ¿Queso? ¿Sí? ¿Majorero blanco? Ay, gracias, Papi.

8 de junio de 2009

Manchas

Elenita entra en la tintorería arrastrando una bolsa enorme con un asa rota. Dentro, un edredón de color beige por una cara y burdeos por la otra.
Elenita: Buenos días.
Señora [toda eficiencia]: Buenos días. ¿Tiene ficha aquí?
Elenita [pensando si se referirá al edredón o a ella]: No.
Señora: Pues vamos a reconocerlo. Póngalo aquí.
Elenita [dándose cuenta de que es lo mismo que le dicen cuando va al veterinario, levantando el edredón en peso y esperando que no le dé un mordisco] : Venga, arriba, pórtate bien, que no te va a doler.
La señora mira a Elenita con una cara rara. Luego mira el edredón, que está quieto y callado.
Señora: Tiene manchas.
Elenita [sonriendo tontamente]: Claro, por eso lo traigo.
Señora: ¿Y de qué son?
Elenita: De todo un poco.
Señora [tecleando y señalando a la vez]: Vamos a ver. Ésta.
Elenita: Loción hidratante de vainilla de Tahití.
Señora: ... hidratante. ¿Y ésta?
Elenita: Helado de chocolate belga.
Señora: ... chocolate. Ésta.
Elenita: Vómito de perro.
Señora: Ah... perro... ¿Y ésta?
Elenita: ¿Quedan más?
Señora: Con ésta creo que ya terminamos.
Elenita: Pues no me acuerdo.
Señora: Parece...
Elenita:
Eh...
Señora: Ah...
Elenita: ¿La Península Escandinava?
Señora: No, digo que parece de origen orgánico.
Elenita: CSI.
Señora: ¿Cómo?
Elenita: Que lo deje. Que cuándo vengo a buscarlo.
La señora teclea, medita sobre el paso inexorable del tiempo, suspira.
Señora: El miércoles. Son doce euros. Firme aquí, e-xo-ne-rán-do-nos de toda responsabilidad sobre las manchas.
Elenita firma. Luego duda.
Elenita: Mire, y si el vómito no fuera de perro, sino de persona, ¿sería distinto?
Señora: Tampoco nos haríamos responsables.
Elenita: Ah.
Señora: Tome. Una tarjeta de fidelidad. Si nos trae diez prendas, le regalamos la limpieza de una.
Elenita: ¿Valen alfombras?
Señora: No.
Elenita: ¿Y cortinas?
Señora: Tampoco.
Elenita se va, calculando la cantidad de desastres perrunos y humanos que tienen que darse para que esto le salga medio rentable. Nada, no hay manera.

2 de junio de 2009

Nota necrológica

No escribo porque me he muerto. Y no descanso en paz, tampoco.
Cuando acabe la mudanza, cuando pueda andar por la cocina de mi casa sin darme de hocicos contra ciento doce mil cajas de cartón, nueve estropajos, un míster proper reforzado, una pila de periódicos de 2006 y una rasqueta... cuando dejen de tocarme a la puerta a cada minuto electricistas, antenistas, fontaneros, carpinteros y otros señores que cobran por hacer ruido, decir cosas incomprensibles y romper las paredes... y, muy particularmente, cuando los de Telefónica tengan a bien ponerme la línea y la ADSL, para lo que, según parece, es imprescindible que se encaramen a la azotea como King-Kong... entonces igual resucito.




17 de mayo de 2009

Familia (conversación en dos actos)

“Familia y autoestima son cosas incompatibles”
El señor muy serio de dos metros

I.
Padre [meditabundo]: Pues estoy pensando que tú de pequeña eras un poco así, como la perra.
Hija: ¿Robaba zapatos, me metía debajo de la cama y me los comía?
Padre: No, no, quiero decir que no parabas quieta ni un minuto, y que mirabas a la mayoría de la gente con cara de odio, pero luego, en el fondo, eras buena.
Hija: Ya.
Padre: Como la perra, que lo que tiene no son defectos, sino casi virtudes.
Hija: Ah.
Padre: Sí. Pobrecita, la perra. Hay que conocerla y tener un poco de paciencia con ella. Nadie la comprende.
Hija: A mí tampoco me comprendían. Y paciencia, cero. Acuérdate de Sor María Luisa.
Padre: No, mejor no. Qué miedo daba esa mujer.
Hija: Yo todavía sueño con ella.
Padre: Yo también. Se habrá muerto ya, ¿no?
Hija: Sí. O si no, tendrá ciento diez años y no la dejarán dar clase.

II.
Hija: Que dice Papá que yo de pequeña era como la perra.
Madre: ¿Bigotuda?
Hija: No. Hiperactiva y revirada.
Madre [indignada]: Tu padre, de verdad… Mira: tú de pequeña eras la niña más bonita y más simpática del barrio. Todo el mundo tenía que ver contigo. Eras encantadora. Y cariñosa, y graciosa: te reías muchísimo. Con cualquiera te ibas. Y ya ves de mayor el carácter tan espantoso que se te ha puesto, que le arrancas la cabeza al primero que te lleve la contraria; o empiezas a resoplar y a mascar en seco y a mirar al cielo, en plan “dame-paciencia-señor”. Es una pena. Pero qué se le va a hacer, el tiempo pasa, los niños crecen, y hay que asumir las cosas como vienen… Oye, que la perra se está comiendo las flores de mundo, dile algo, ¡tú, fuera de ahí!

9 de mayo de 2009

Megafonía

Metropolitano de Tenerife informa [ding-dong]:
Señores viajeros, lamentamos haber cubierto nuestros tranvías con esas fotos tan deprimentes de ligres, hipopótamos enanos y osos que tocan la trompeta. La culpa es del Circo Mundial, que pagó la publicidad. Nosotros no queríamos, de verdad que no. Para compensarles, señores viajeros, por los daños emocionales y estéticos que han sufrido (porque, dejando aparte a los pobres animalitos, no se han visto colores más feos ni letras más desproporcionadas, llevan ustedes razón), vamos a bajar las tarifas en un 30% mientras dure la campaña. Gracias por su atención y su paciencia, y por favor, sigan viajando con nosotros [dong-ding].

5 de mayo de 2009

Ah, María Ivanovna

Toda la noche soñando en ruso. Sin entender nada, claro. Cada tanto venía un señor mayor con bigotes y me cogía del brazo y me decía, "Ah, María Ivanovna", y Dios sabe qué más. Yo bajaba la cabeza y sonreía un poco, lo mínimo, por si acaso.

1 de mayo de 2009

Poema afterpop (creo)

Voy en avión
y cincuenta y seis pasajeros
y dos azafatas
me odian locamente
sólo
porque los tres miligramos de valium
que le di a Pinito
no le hicieron efecto ninguno
y la perra grita como un águila real
ya ves tú
qué gente más antipática
total
para tres cuartos de hora que dura el vuelo

26 de abril de 2009

Esa boca

Aquí tienen una lista de las cosas que le he sacado de la boca a Pinito en los últimos diez días. Sólo les pongo las que puedo escribir sin que me entren ganas de vomitar. Aún así, verán que desde que estoy criando a Pinito he ganado bastante en términos de estómago. Antes era más delicada, yo.

Un hilo de pescar de 45 centímetros de largo al que iban unidos dos anzuelos y la cabeza de una boga.
Un chupachús MegaKojak Sabor Cereza seminuevo (propiedad de mi hermana).
Un Mars Delight nuevo, a estrenar (también de mi hermana).
Seis zapatos variados, nueve calcetines y cuatro piezas de ropa interior.
Una barra de labios rosa suave.
Un teléfono móvil Nokia (not connecting people anymore).
El libro de César Millán.
Un ratón con la mitad de las tripas fuera.
Media lagartija (seca).
Un tuno indio.
Un trozo de alfombra.
Muchos chicles (propietarios no identificados).
Medio pan (verde).
El arnés y la correa de la perra Pulga.
Un rotulador permanente negro.
Un rollo de cinta aislante.
Cinco cojines buenos (propiedad de mi madre) y cuatro baratos (míos).
Un cinturón (mío).
Seis piezas decorativas de potpourri al aroma de lavanda con forma de piña.
El mando de la tele.
Un bote de vitaminas marca Supradyn.
Los restos de una pelota amarilla de caucho que me juraron, en la tienda de animales, que se usaba para adiestrar pastores alemanes y que era total y absolutamente irrompible (p.v.p. 4.5 euros)
Un calabacino.

A veces pienso que me gustaría devolver a Pinito al parque.

16 de abril de 2009

Edad

[Monólogo escuchado en la Cafetería El Cisne Negro del Danubio]

No, no, yo tengo una edad muy mala para el cortinglés, ya ni se me ocurre, en la planta de señoras es todo como para madres, miras las chaquetas y a cada percha que tocas te vas volviendo más rubia, más jubilada, más viuda, más socia del club náutico; y en la planta joven, peor, porque es todo para niñas flacas de once años o... o gimnastas profesionales, es que nada más salir de la escalera mecánica sabes que no te va a entrar nada jamás, y si te entra vas a parecer la Nancy... sí, pantorrilluda, reventona... y entre esas dos plantas no hay nada, a no ser que quieras comprarte una cafetera o un aipor... no, qué va, yo voy a tiro hecho, mi zara, mi mango, si tengo perras mi masimoduti o mi adolfodomínguez, y ya.

4 de abril de 2009

Estampa

Sábado, las ocho de la mañana. La avenida. Un señor camina envuelto en un mantel blanco y rojo, bordado de cafeteras antiguas. Falta un pelo para que el viento lo levante y se lo lleve para La Habana, pero él, como si nada. Una señora de chándal celeste lo mira, se para y me dice "ay, qué pena, con lo bien que me iría a mí esa mantelería para la cocina, cuando que a él le sienta fatal".