Bueno, eso, que si están en Santa Cruz me encantaría verles.
P.S. Pinito viene.
[ficciones] [y a veces no]
Llego a un bar minúsculo y subterráneo en el que me dicen mis fuentes que el café es maravilloso. El camarero sale de la oscuridad y se me acerca cantando “Mambrú se fue a la guerra, qué dolor qué dolor qué pena, Mambrú se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá, ¿qué vas a tomar?”, y yo, “do-re-mi, un cortado”, y él, “do-re-fa, ¿natural, barraquito?”, y yo, haciendo por no reírme ni cantar más, “natural”, “¿y de comer?”, “no, nada, gracias”. Entonces el camarero desaparece durante unos minutos, y yo, mientras, miro los tres metros cuadrados de bar que tengo alrededor. Hay fotos antiguas de la ciudad y del puerto clavadas con chinchetas en la pared verde. Cuando vuelve con el cortado, el camarero me pregunta, con la más absoluta normalidad, “¿tú cuando eras chica jugabas al brilé?”. “Sí”. “¿Y se te daba bien?”. “Más o menos”. “Seguro que ibas a colegio de monjas”. “Sí”. “Claro. Es un juego de colegio de monjas”. “Como el pañuelito”. “Yo prefiero el brilé”. “Yo también”.
El café está muy bueno. Ay, cómo me gusta Santa Cruz.
[En la azotea de casa, a las siete de la tarde]
Madre: Vístete, hombre, de verdad, yo no sé qué haces todo el rato en pelotas.
Niño de tres años [muy digno]: Es verano.
Madre: Ya, pero te puedes poner un bañador, unos pantalones cortos, algo. No está bonito que vayas siempre desnudo.
Niño de tres años [filosófico]: Cada uno es cada uno.
Madre [sorprendida]: Sí.
Niño de tres años: Además, al cole voy vestido.
Madre: Claro. Eso no es negociable.
Niño de tres años [cambiando de tema]: ¿Sabes qué aprendí en el cole?
Madre: ¿Qué?
Niño de tres años: ¡Caraculo!
Madre: Ah, mira qué bien. Corre y díselo a tu padre, anda.
Niño de tres años: Ya se lo dije ayer. Cuando me mandó a vestirme.
Madre: Y ponte unos zapatos. Haz el favor. Ya.
Niño de tres años: Yo sin zapatos soy más feliz.
Madre: Dios. No me queda nada.
Señor muy alto [abriendo la puerta de la calle]: ¿Hola?
La Lupe [preparando la cena y canturreando trocitos asesinos de Cell block tango]: Hola.
[Pinito salta acrobáticamente alrededor del señor muy alto]
Señor muy alto [acariciando a la perra]: Hola, tú, fracaso educativo.
[Pinito insiste en saltar y menear el culo con frenesí y dar lengüetazos al aire]
La Lupe [saliendo de la cocina con una cuchara amenazante en la mano]: No le digas eso al animal.
Señor muy alto: Cómo que no. Fracaso educativo, ven, que tu dueña te vea y te reconozca.
La Lupe: No es un fracaso educativo.
Señor muy alto: Supongo que depende de las expectativas que tuvieras, claro.
La Lupe [toda lealtad]: Últimamente ha mejorado mucho.
Señor muy alto: Sí, ya. Le van a dar el Nobel de la Paz.
La Lupe: Ya no se come los zapatos.
Señor muy alto: No; ahora los roba, los esconde y los chupetea, pero no se los come.
La Lupe [muy digna]: Te parecerá poca mejora.
Señor muy alto: Esta perra no nos tiene respeto ninguno. Date cuenta. Se sube a los sillones y a la cama. Es más, se sube encima de nosotros. Cuando la llamamos no viene...
La Lupe: Sí viene.
Señor muy alto: Bueno, si estás en la cocina y te oye abrir la puerta de la nevera, viene.
La Lupe: Cuando yo la llamo me obedece. O por lo menos no sale corriendo en dirección contraria, como hacía antes. Ahora se queda quieta en el sitio. Eso es un progreso.
Señor muy alto: Ojalá fueras la mitad de optimista con el resto del planeta.
La Lupe [sin hacerle caso]: Y ya no ha vuelto a comerse las paredes.
Señor muy alto: Ah, por cierto, el papel que hace falta para arreglar los agujeros en las paredes cuesta 120 euros el rollo.
La Lupe: No necesitamos un rollo. Con dos metros o tres nos basta.
Señor muy alto: Ya, pero no lo venden por metros. Mínimo, un rollo. Luego habrá que sumar la pintura y la mano de obra.
La Lupe [mirando a Pinito con un poco de desesperación]: Ay.
Señor muy alto: Ay, sí.
La Lupe: Pero cuando le digo “silencio perruno” se calla.
Señor muy alto: Durante una centésima de segundo.
La Lupe: Y cuando le digo “besos sí, mordiscos no” deja de masticar a la gente.
Señor muy alto: Durante dos centésimas de segundo.
La Lupe [sorda y ciega]: Es una perra estupenda. Jovencita aún, impetuosa, pero...
Señor muy alto: Sí, claro. A lo mejor cuando sea vieja y se le caigan los dientes...
La Lupe: Sabe hacer unos trucos divertidísimos. ¿Tú la has visto como se pone en dos patas?
Señor muy alto: Muy útil, sí.
La Lupe [heladoramente]: Otra como esa, bonito, y...
Señor muy alto: Oh, Pinito, cuadrúpedo de belleza sin igual, por favor, ponte en dos patas, que no puedo vivir un segundo más sin ver...
La Lupe: Y pensar que la perra te quiere con locura.
Señor muy alto: Claro. Sólo faltaba que no me quisiera.
La Lupe: Cuánta ingratitud. Dale un zapato, anda, que se entretenga el pobre bicho.
Señor muy alto: Dáselo tú, que tienes muchos.