16 de julio de 2011
Carteles
"Cerrado por cierre".
"Compramos dientes de oro".
"Se traspasa el negocio. Se alquila el local. Se vende el local. Se saldan las existencias. Entre y pregunte".
28 de junio de 2011
Por favor
Yo no sé conducir. Bueno, no sé circular. Si la cosa fuera sencillamente mover el coche en el vacío, o en el desierto, o en una de esas carreteras que salen en las películas de zombis, se me daría mejor. Pero es sentarme al volante, ajustar los espejos y hacerme espantosamente consciente de que hay un montón de peatones, motoristas, camioneros, niños, ciclistas, perros, policías, semáforos, señales, rayas pintadas en el suelo, seres que tocan la pita, ponen indicadores y/o descargan cajas de donuts, chóferes de guagua que me dan paso... todos ahí, todos a la vez. Y no puedo fijarme en tantas cosas al mismo tiempo. Me pongo frenética. Sé que en un segundo se me va a ir el coche de las manos y voy a aplastar a alguien, sea peatón, motorista, camionero, niño, ciclista o perro. O policía. O a todos. Mil quinientos kilos de metal y plástico y cristales y ruido y fuego.
No puedo, no puedo.
Suspendí el examen de conducir seis veces seguidas. No, perdón, siete. La última vez un chico que había aprobado y que olía misteriosamente a anís me aconsejó que me quitara los nervios con un buen pelotazo de Marie Brizard. No funcionó. Todo el mundo me dice siempre que me tengo que sacar el carné, y nunca me lo saco. "Venga, que tú puedes, si es muy fácil, si eso lo hace cualquiera". Bah. Ya ni sé cuántas veces me matriculé en cuántas autoescuelas distintas ni cuánto dinero me gasté del modo más idiota.
Y cada año la primera felicitación que recibo es de la Autoescuela Carmelo, que me manda un sms cariñosísimo a las ocho de la mañana. El mensaje sólo dice "AUTOESCUELA CARMELO LE DESEA UN CUMPLEAÑOS MUY FELIZ", así en mayúsculas, pero yo leo "qué pasa, mujer absurda, otro año más sin carné, qué fracaso, de verdad, vergüenza debía darte". Así que si no les importa, díganme felicidades antes que ellos, y así me puedo poner digna. "Vale, Carmelo, sigo sin carné, pero este año no eres el primero, tío siniestro; ah, y mira, que sepas que el marketing personalizado es contraproducente".
20 de junio de 2011
Método
a) Abra la nevera de casa de su amiga y tráguese impulsiva e irremediablemente media caja de barquillos con chocolate negro y avellana Choc D'or (marca Hacendado). Si lo está haciendo medio bien, debería sonar a "scrunch-scrompf-ah".
b) Vaya al Mercadona y, con la mejor de las intenciones (es decir, reponer el fondo de despensa de su amiga), compre cuatro cajas de los mencionados barquillos. Llegue a casa y cómase tres sin parar ni para respirar.
c) Aborrezca para siempre los barquillos, el chocolate y las avellanas. Mire la caja restante con asco supremo.
d) Aliméntese de fruta, verdura, yogur y café durante tres días, coincidiendo con una ola de calor sahariano.
e) Hártese de repente de la coliflor y los calabacinos y vaya a investigar si hay algo interesante en el congelador de su amiga. Encuentre medio bote de helado de fresas con nata (marca Haagen-Dasz). No mire la fecha de caducidad y trágueselo impulsiva e irremediablemente.
f) Piense que le haría falta el otro medio bote para empezar a aborrecer los helados. Laméntese de su falta de previsión. Entonces mire la fecha de caducidad y diga "ay, ay".
g) No se muera. No coma nada durante el día siguiente. Beba mucha agua. Total, le viene bien para la ola de calor.
2 de junio de 2011
¡Eh!
Bueno, eso, que si están en Santa Cruz me encantaría verles.
P.S. Pinito viene.
28 de mayo de 2011
Gracias
- Un vestido azul, de tirantes, largo, hasta los pies.
- Una camiseta de rayas.
- Un carro del Mercadona lleno de comida surtida.
- Una novela maravillosa de Dai Sijie, “La acrobacia de Confucio”.
- Las vacunas anuales de la Pini (contra la rabia, el moquillo, la hepatitis y la parvovirosis).
- Una factura de la costurera (que me convirtió una falda de monja misionera en el trópico en otra de lo más elegante).
- Un bono del tranvía (12 viajes).
- Un desayuno de lujo mundial en mi bar favorito, el Potolami Palace.
29 de abril de 2011
Do-re-mi
Llego a un bar minúsculo y subterráneo en el que me dicen mis fuentes que el café es maravilloso. El camarero sale de la oscuridad y se me acerca cantando “Mambrú se fue a la guerra, qué dolor qué dolor qué pena, Mambrú se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá, ¿qué vas a tomar?”, y yo, “do-re-mi, un cortado”, y él, “do-re-fa, ¿natural, barraquito?”, y yo, haciendo por no reírme ni cantar más, “natural”, “¿y de comer?”, “no, nada, gracias”. Entonces el camarero desaparece durante unos minutos, y yo, mientras, miro los tres metros cuadrados de bar que tengo alrededor. Hay fotos antiguas de la ciudad y del puerto clavadas con chinchetas en la pared verde. Cuando vuelve con el cortado, el camarero me pregunta, con la más absoluta normalidad, “¿tú cuando eras chica jugabas al brilé?”. “Sí”. “¿Y se te daba bien?”. “Más o menos”. “Seguro que ibas a colegio de monjas”. “Sí”. “Claro. Es un juego de colegio de monjas”. “Como el pañuelito”. “Yo prefiero el brilé”. “Yo también”.
El café está muy bueno. Ay, cómo me gusta Santa Cruz.
15 de abril de 2011
Escorbuto
Papá habla solo. Dice "ah, qué educativo todo", y se come una naranja.
19 de diciembre de 2010
Bigotes
Hija [dudosa]: ¿Tú crees?
Madre [firme]: Sí. Mírate. Hay una edad...
Hija [interrumpiéndola]: Si es que estoy harta de depilarme.
Madre: Quién lo iba a decir.
Hija: Las piernas, las cejas, las ingles... No quiero quitarme más pelos ya, que una vez que empiezas ya no puedes parar. Es una esclavitud.
Madre: Pero es que con esos bigotes no puedes ir por la calle.
Hija: Cómo que no.
Madre: No. Porque...
Hija: Yo todo esto lo tengo muy pensado. Si hubiese dedicado a estudiar todo el tiempo y el dinero que he gastado depilándome en los últimos veinte años, tendría seis carreras.
Madre: Ya. ¿Y para qué te iban a servir seis carreras con esas pelambres?
15 de noviembre de 2010
Catafalco
Nadie lo entendió. Su familia lo enterró con la más profunda sorpresa. Su hermano, que heredó el ordenador, lo llevó arreglar y se encontró con el manuscrito. Se gastó todos sus ahorros en editar el libro, que fue un fracaso.
Claro. "Catafalco". Qué esperabas.
16 de septiembre de 2010
Septiembre
[En la azotea de casa, a las siete de la tarde]
Madre: Vístete, hombre, de verdad, yo no sé qué haces todo el rato en pelotas.
Niño de tres años [muy digno]: Es verano.
Madre: Ya, pero te puedes poner un bañador, unos pantalones cortos, algo. No está bonito que vayas siempre desnudo.
Niño de tres años [filosófico]: Cada uno es cada uno.
Madre [sorprendida]: Sí.
Niño de tres años: Además, al cole voy vestido.
Madre: Claro. Eso no es negociable.
Niño de tres años [cambiando de tema]: ¿Sabes qué aprendí en el cole?
Madre: ¿Qué?
Niño de tres años: ¡Caraculo!
Madre: Ah, mira qué bien. Corre y díselo a tu padre, anda.
Niño de tres años: Ya se lo dije ayer. Cuando me mandó a vestirme.
Madre: Y ponte unos zapatos. Haz el favor. Ya.
Niño de tres años: Yo sin zapatos soy más feliz.
Madre: Dios. No me queda nada.